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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Santa Teresa de Jesús, hija de la Iglesia


15 octubre 2014

San Lucas 11,42-46. 

«¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. 

¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas! 

¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!". 

Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros». 

El le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!» 

 Hoy celebra la Iglesia la santidad de santa Teresa de Ávila o de Jesús como a ella le gustaba llamarse.  Todo el espíritu caballeresco de Castilla anida en esta mujer, soñadora de utopias, que a los 18 años ingresa sin convicción en un Carmelo en plena decadencia, donde experimenta una reforma interior tan profunda que le lleva hasta las cumbres de la experiencia mística. En contacto íntimo con Cristo, sirvió a la Iglesia de su tiempo lacerada por la reforma protestante.  Mas tarde con 45 años de edad, se dedica a reformar los Carmelos, recorriendo España sin tregua ni descanso y superando todos los obstáculos que salen al paso. Declarando en su lecho de muerte que era "hija de la Iglesia", entró en la gloria el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes.

La vida de santa Teresa, nos recuerda una vez mas, que la vida de fe es adherirse a Jesús, es hacer de Él la norma de nuestra vida. 

Los "ay" de lamentos que Jesús manifiesta a los escribas es precisamente por su falta de discernimiento pues su "sabiduría", su conocimiento de Dios, toda su ciencia no les ha permitido reconocer al Mesías en la persona de Jesús y para la colmo les confería un prestigio y un poder terrible, el de pesar sobre las conciencias. Sin duda, la norma de sus vidas no era Dios. 

Que Jesús se convierta en la norma de tu vida, como hizo santa Teresa, es una cuestión absolutamente personal, una decisión que solo pertenece a mi. Ninguna iglesia, ningún dogma, ninguna piadosa aseveración, ninguna profesión de fe, ningún testimonio que venga de otro, puede imponerme ni arrancarme una respuesta, una decisión. Esta decisión se toma, en último término, con toda libertad, sin instancias intermedias entre Él y cada uno de nosotros. 

Nuestra fe, en su última instancia, se parece al amor y se transforma en amor.

!Paz y Bien!


Bitácoras


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