Octubre 25
Amonestaba también a los hermanos que no juzgaran a nadie, ni despreciaran a los que viven con regalo y se visten con lujo y vanidad, porque Dios es Señor nuestro y de ellos, y los puede llamar hacia sí, y, una vez llamados, justificarlos. Decía también que quería que todos los hermanos respetaran a estos hombres como a hermanos y señores suyos, pues son hermanos, en cuanto han sido creados por el mismo Creador, y son señores, en cuanto que, proveyéndoles de lo necesario para el cuerpo, ayudan a los buenos a hacer penitencia. Y seguía diciendo: “Tal debería ser el comportamiento de los hermanos entre los hombres, que cualquiera que los viera u oyera, diera gloria al Padre celestial y le alabara devotamente”.
(TC 58)














