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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Alzad la cabeza


26 noviembre 2015

san Lucas (21,20-28)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.» Palabra del Señor

"Cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación". Curiosa e increíble invitación la que nos hace Jesús hoy. Esta extraordinaria convocatoria debe resonar en toda la Iglesia a lo largo de los siglos. Los cristianos no somos profetas de calamidades, ni fatalistas ante los acontecimientos de la historia. Nuestra única protección se basa en la promesa de Dios que llevará a buen puerto la aventura de los hombres. No tenemos otra forma de resistir a la adversidad y a la desesperación de los hombres, sino la de llevar en su seno una noticia que es germen de vida. Frente a las contradicciones no tenemos otra forma de resistir que esta humilde y frágil semilla que algún día dará a luz:"Cobrad ánimo". ¡Habrá signos en el cielo y en la tierra y el orgulloso y derrotista tendrá que bajar la cabeza! Se nos dará un signo: un niño en un pesebre, un condenado colgado en el patibulo, pero también unos ángeles en el cielo que cantan la gloria de Dios y un sepulcro vacío que anuncia la irrupción de una vida nueva. La Justicia y la Paz tendrán la última palabra, y los pobres, nosotros, resistiremos hasta la llegada de la promesa.

Con nuestra vigilancia y esperanza ya estamos construyendo cada día la Ciudad nueva, la Ciudad de la paz, la nueva humanidad.

¡Paz y Bien!


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