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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¡Somos hijos amados de Dios!


17 octubre 2014

San Lucas 12,1-7. 

Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: "Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 

No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. 

Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. 

A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. 

 Yo les indicaré a quién deben temer: teman a quel que, despues de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese. 

¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. 

Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros." 

Todos los días estamos tentados de obrar "farisaicamente" de tal modo que nuestras palabras no corresponde con lo que tenemos en el corazón. 

Nuestra misión de cristiano no es otra que profesar abiertamente y sin temor nuestra fe, cueste lo que cueste. 

¿Cómo no abandonarse confiadamente a este Dios que se preocupa con amor hasta de sus criaturas más insignificantes? 

Nuestra vida tiene que ganar en trasparencia y testimonio de lo que vivimos. Porque los que hemos sentido la gracia de Dios, ¿podremos ser para los demás otra cosa que no sea gracia y benevolencia? Los que hemos recibido el perdón ¿podemos tener otra regla de conducta que no sea la misericordia? Los que nos hemos visto libres gracias a la verdad ¿podemos tener otra ambición que no sea la de extender esa liberación a los demás? 

Tenemos que librarnos de la levadura de los fariseos  y no dejar que en vez de ser los cristianos aprendices de un nuevo tipo de humanidad, lleguemos a ser la caricatura de un mundo de defectos, donde la envidia y rencillas, vanidad e imbecilidad arrogancia y pretensión, desesperanza y abandono inunde nuestros corazones y nuestras iglesias. 

Nuestra misión no es otra que la de proclamar a los cuatro vientos y gritar desde las azoteas el corazón de Aquel para quien un hombre vale mas que todas las aves del mundo. ¡Somos hijos amados de Dios! ¡Vivamos como tales!!!!

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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