Skip to main content
EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Misericordia


05 octubre 2015

san Lucas (10,25-37)

 En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?» Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.» Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

En la vida de cada día no hay más que hombres que se encuentran, que se miran, que a veces se desgarran y que intentan también comunicarse entre si. Como los hombres de esta historia a través de la cual Jesús va a revelar la extraña novedad del Evangelio. Sin identidad, un hombre anónimo, un cualquiera, víctima de la fatalidad ha caído en manos de unos bandidos y se debate en el suelo entre la vida y la muerte. El sacerdote y el levita han pasado de largo, probablemente, lo mismo que habría hecho también el escriba que pregunta a Jesús. Tienen excusa para ello pues la religión judía les prohíbe mancharse con el contacto de la muerte ya que se deben mantener puros para subir al altar y este hombre probablemente ya estaba muerto. Solo el samaritano, un impuro y cismático, un falso hermano y excomulgado de la religión judía se acercó al herido. No atendió más que a su corazón. Sintió piedad al ver a aquel hombre y lo cargó en su montura, con el mismo gesto con que el buen pastor toma sobre sus hombros a la oveja perdida. Obedeció de esa forma a la única ley del mundo cristiano: la del Espíritu. Se dejó conducir por el Espíritu, y Este va siempre más lejos que la Ley. En el fondo, el samaritano es Cristo, el verdadero Rostro del Padre que nos muestra el corazón compasivo y misericordioso de Dios. La regla de oro de la moral cristiana no es la observación de la ley, sino que surge de la vida diaria y se elabora en el corazón. Hermano, haz tú lo mismo. La salvación está del lado del corazón, de un corazón que consiente compadecerse. Tened un corazón misericordioso, porque la misericordia es como el corazón de Dios. En este día de acción de gracias donde la Iglesia presenta a Dios las necesidades de los hombres y da gracias por los frutos recolectado de la tierra, estamos llamados a vivir y a propagar el mejor fruto que puede dar nuestra fe: la misericordia.

¡Paz y Bien!


Bitácoras


Apuntes litúrgicos
15 Agosto 2026
Apuntes litúrgicos
15 Agosto 2026
Apuntes litúrgicos
25 Julio 2026