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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Las llagas


17 septiembre 2015

san Lucas (7,36-50)

 En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Un fariseo y una mujer pecadora. Dos mundos distintos, dos maneras diferentes de vivir el encuentro con Jesús: el que se siente pecador y el que se siente justo. Y Jesús responde con una parábola: "¿Quién de los dos le amará más?". Es la manera cortés que tiene Jesús para prevenir a Simón que él Jesús, ha discernido el amor bajo la ambigüedad de los gestos. Hay que pasar por la experiencia del pecado para saborear la misericordia divina. El peso del pecado depende de la palabra y mirada del otro. Si el otro da un juicio terrible y tajante, el pecado nos encierra sin remedio en el fracaso o en la falta. Así miraba Simón el pecado de esta mujer. En cambio, cuando el Otro que mira tu pecado es Jesús, lo mira con cariño y sus palabras desatará lo que estaba inexorablemente atado, la revelación del pecado se convertirá en liberación. Al final la experiencia del pecado y del perdón es el lugar de una experiencia de ternura, la de Jesús y no de juicio como la de Simón. !Dichoso el pecador que puede descubrir la irresistible pasión de Aquel que nos ama hasta el punto de perdonar nuestros pecados! ¿Cómo miras el pecado de los demás? ¿Has sentido la mirada liberadora de Jesús sobre tu pecado? ¿En ti pesa más el amor y la ternura o el juicio y la ley a la hora de perdonar?

Hoy celebramos la familia franciscana la fiesta de la impresión de las llagas de Nuestro Padre San Francisco. Desde su conversión, el Seráfico Padre veneró con grandísima devoción a Cristo crucificado. Hasta su muerte no cesó, con su vida y su palabra, de predicar al Crucificado. En 1224, dos años antes de su muerte, mientras estaba sumido en contemplación divina en el monte Alvernia, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo los estigmas de su pasión. Era tal su identificación con Cristo que deseaba sentir en su propia carne el mismo dolor que sufrió Cristo en la cruz y el Señor se lo concedió. ¿Llegaremos nosotros tan lejos en el seguimiento de Cristo pobre y crucificado? ¡Paz y Bien!


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