Al ritmo de Dios
san Lucas (7,31-35)
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: "Tocarnos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis." Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenla un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores." Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»
Os hemos tocado la flauta y no habéis bailado" Jesus constata la obstinada negativa de sus contemporáneos a participar de la alegría de su presencia. Su vida y su Palabra iba dirigido al corazón, pero, para que el corazón se sienta tocado, tiene que ser sorprendido, asombrado, seducido. A Dios se le encuentra; Dios no se impone. Y el encuentro es un riesgo, como es oportunidad que se ofrece. Jesús es sacramento de Dios y muchos del tiempo de Jesús y tantos otros en el nuestro, todavía no se han enterado, o no quieren enterarse. Jesús no deja indiferente a nadie porque él busca encontrarse, no viene a trasmitir una doctrina sino viene a compartir un nuevo estilo de vida. La fe es como una pelota, si la presentas, la explicas, la describe pero no la lanzas es posible que no pase nada, pero si la lanza y el otro la recoge al vuelo entonces se realiza el milagro del juego y del encuentro. Se realiza algo nuevo e inesperado. Dios no es un tratado de teología a trasmitir, Dios prefiere lanzar pelotas, ya que sólo éstas hacen nacer la relación y el encuentro. Estemos atentos al sonido de la flauta en la plaza del mercado de la vida. Para muchos será unas cuantas notas musicales y viento. Pero para el que se deja llevar por él, es ya todo el fervor y la alegría de la fiesta. Dejémosnos arrastrar por el Dios de la danza que nos invita a sones de fiesta. Que su Palabra de gracia nos abra al misterio de su ternura y que el pan de nuestra mesa sea ya el aperitivo del banquete, al que nos ha invitado para la eternidad. ¿Estas preparado para coger al vuelo las insinuaciones y provocaciones que el Espíritu te lance hoy? ¡Paz y Bien!
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