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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Despertar a la vida


06 septiembre 2015

san Marcos (7,31-37)

 En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Jesús nos invita a vivir con él, para curar nuestras enfermedades, en este caso, la sordera y la mudez. A menudo somos sordos para lo que Dios nos quiere decir. Nos hemos taponado los oídos de tal manera que no puede penetrar la voz de Dios. Estamos a veces tan ocupados con nosotros mismos que no oímos cuando Dios nos llama. Y como es lógico, tampoco escuchamos lo que Él nos quiere decir a través de nuestros prójimos. Oímos palabras pero no escuchamos a la persona ni al corazón que está pidiendo ayuda a gritos, y entonces nos quedamos mudos. O puede ser que hayamos enmudecidos porque los otros no nos entiendan, porque no nos dejen decir lo que necesitamos decir o, por el contrario, nos escondernos detrás de una gran cantidad de palabras, incluso piadosas, para que nade note como nos va ni cómo están nuestros asuntos. ¡Vaya sordera y mudez mas fina! Jesús cura al sordomudo en cinco pasos, en los que nos muestra en qué consiste realmente escuchar y hablar, tanto a Dios como a los hombres porque las dos cosas se deben practicar un verdadero discípulo de Cristo: EL CORRECTO OÍR Y EL JUSTO HABLAR.

1. Primero Jesús mete sus dedos en los oídos del sordomudo; los pone sobre la parte herida. Nos muestra donde estamos enfermos. Nos tapona los oídos para que dejemos de oír el ruido que nos invade y nos impide oír nuestro interior.

2. En segundo paso de la curación, Jesús toca la lengua del sordomudo con saliva. Jesús se acerca amorosamente como una madre frota con saliva la herida de su hijo. A nadie se le puede ordenar que hable porque para que la lengua se suelte, primero tiene que haber una atmósfera llena de calor y aceptación.

3. En tercer lugar, Jesús eleva la mira al cielo. Jesús quiere conducir nuestra mirada al cielo. A través de su oración dirigida al Padre, abre el cielo ante nosotros. Y así, de pronto, todo nos parece claro. Quiere también decirnos el Señor que cada palabra que decimos u oímos se deberían referir en última instancia a Dios. En esto consiste el oír correctamente. En cada palabra que pronunciamos deberíamos intentar hacer perceptible a Dios en este mundo expresando palabras que hagan sensible el amor de Dios. El objetivo de todo diálogo auténtico es abrir el cielo ante nosotros.

4. En cuarto lugar, Jesús gimió, “suspiró”, expresando el esfuerzo de Jesús que lucha para que realmente nos decidamos por Dios, nos liberemos de todas las cosas de las que dependemos, salgamos de nuestro cautiverio interior y dejemos entrar verdaderamente a Dios en nuestras vidas. Jesús lucha contra mi enfermedad, mi mutismo, mi sordera, para que yo me abra a Dios con todos mis sentidos.

5. Por último, y sólo después de estos cuatro pasos viene la palabra redentora y liberadora: ¡Effettá! Que quiere decir: ¡Ábrete! El encuentro con Jesús tiene como finalidad abrir a Dios a todos mis sentidos: los oídos para que puede percibir de una nueva manera la voz de Dios; los ojos para que pueda reconocer a Dios en todo. Debo mirar mi vida con ojos nuevos para poder descubrir en ella la huella de Dios, debo renovar mi sentido del tacto para poder percibir el tierno amor de Dios en el sol y en el viento.

Para encontrar a Dios en todas las cosas ¡Dios mío y todas mis cosas! Jesús quiere liberarnos de las ataduras de nuestros miedos y nuestras obligaciones para que aprendamos a hablar de verdad, a hablar de la forma como se le debe hablar a Dios. Esto significa aprender a establecer relaciones a través de nuestras palabras, expresar palabras de amor, que toquen al otro, que lo despierten a la vida, palabas de ánimo que lo levanten, de vida, de consuelo, palabras que conduzcan a la libertad. Entonces sentiremos como nuestras palabras tocan a la gente que nos rodea y la despiertan a la vida, que cuando hablamos y oímos experimentamos que se trata de escuchar la voz de Dios en todo y hacer sentir la voz de Dios con cada palabra. Entonces podremos entrar en el coro de la gente que le alaba: "todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos". 

¡Feliz Domingo! ¡Paz y Bien!


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