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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Soltar amarras


18 Agosto 2015

san Mateo (19,23-30)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»
Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

El joven rico se fue muy triste. Para seguir a Cristo tenía que abandonar la gestión de sus negocios. La alegría no se posee, sino que se recibe como una gracia cada mañana. Igual que el Reino de Dios no se gana, se recibe. Hoy Jesús en el Evangelio constata la incapacidad de los ricos para acceder al mundo de la fe vivida, de la esperanza y de la alegría. Pues la fe germina con mayor facilidad en el desprendimiento de la pobreza que en las preocupaciones de la riqueza. No caigamos en la tentación de pensar como los ricos que sus bienes le pueden ser de alguna utilidad para obtener un lugar en el Reino. !Si al menos pusieran sus riquezas al servicio de los demás! Las exigencias para vivir el Evangelio son tales que los discípulos le hacen esta pregunta tan dramática: ¿Quién podrá salvarse? A la que Jesús responde de manera firme y sencilla: !Para los hombres es imposible, pero para Dios TODO ES POSIBLE! Ahora bien, ¿estamos dispuestos a soltar nuestras amarras y riquezas que nos retienen prisioneros de nosotros mismos? Quien así lo haga empezará a saborear ya en esta vida la dulzura de la fe, la alegría de la esperanza y los frutos abundantes del amor. ¡Es cuestión de soltar amarras, de dejarse hacer!
¡Paz y Bien!


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