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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Un perdón ilimitado


13 Agosto 2015

san Mateo (18,21–19,1)

 En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros m¡ Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.» Cuando acabó Jesús estas palabras, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

¡Qué lecciones de vida nos está ofreciendo el Señor para saber relacionarnos como verdaderos hermanos! Ayer nos habló de la actitud que debemos adoptar con los pecadores, de la necesidad de volver a ganar al hermano que ha pecado, hoy, nos plantea como nos debemos de comportar ante quien ha sido ofendido personalmente. Lo que nos pide Dios, lo sé, es anormal en este mundo: construir un mundo basado en el perdón, sí, en el perdón de las ofensas, en la amnistía, en el borrón y cuenta nueva. El Evangelio de hoy se dirige al corazón y nos propone perdonar con todo nuestro corazón. Los cálculos y la estricta justicia son relegados a su inutilidad, pues es igualmente cierto que el que calcula ¿cuántas veces tengo que perdonar?, aunque el cálculo sea exacto, acaba por no tener más que un corazón de piedra. Está claro que los pensamientos de Dios no son como los de los hombres. Entre nosotros reina con tanta frecuencia la intolerancia, el rencor, la mezquindaz, como el acreedor de la parábola que se niega a perdonar una deuda ridícula cuando a él le ha sido perdonada su gran deuda y para colmo cree poder contar con el favor del corazón de Dios. No hay otra lógica ante la afrenta que actuar como Dios que revela su misericordia divina perdonándonos ilimitadamente y, espera de nosotros que hagamos lo mismo con los demás, ya que si no actuáramos así, su perdón no llegará a nosotros hasta que nos perdonemos de corazón los unos a los otros. Dios es propenso a la misericordia, y aunque seamos en tantos momentos de nuestra vida mezquinos, ignorantes, calculadores, tramposos, o simplemente molestos, Dios nos perdona todo eso, porque quiere hacer triunfar el amor. Y si alguien lo duda, que mire al Crucificado. Basta una sola mirada para comprender. Revisa hoy tu modo de perdonar y aterriza tu fe en las relaciones con las gentes que te rodea con menos cálculos y más generosidad, con menos justicia y más misericordia.

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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