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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¡Dadle vosotros de comer!


03 Agosto 2015

san Mateo (14,13-21)

 En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Hoy vemos a Jesús entre la soledad del desierto y su presencia en medio de la muchedumbre; entre el diálogo con el Padre, en el desierto, y su tarea de evangelizar. Y en lo cotidiano se presenta un problema humano: hay que dar de comer a la muchedumbre de gente que le sigue. La respuesta de sus discípulos es obvia: hay que invitarles a que se vayan para sus casas. La respuesta del corazón de Cristo es otra: "dadle vosotros de comer". Una respuesta razonable, sensata que no complica la vida y no implica el corazón, la de sus discípulos y, una respuesta, la de Jesús, que se hace cargo, que deja que su corazón se conmueva y pide compasión, entrega y disponibilidad. Lo insólito del milagro acontece cuando se pone en común lo poco que se tiene; lo sorprendente de este milagro es la generosidad desbordante e insólita que después de saciar a la multitud sigue habiendo pan. ¡Doce cestos de pan sobraron! Si la comida de la última cena se celebraba en el recogimiento del cenáculo, esta comida de la multiplicación de los panes y los peces nos abre las puertas al mundo. Dios viene decidido a saciar el hambre de la humanidad pero lo quiere hacer contando con nosotros, haciéndonos ver que cuando se une la generosidad de los hombres y el deseo de salvación de Dios, el milagro se da y no es otro que la vida en abundancia. "¡Dadle vosotros de comer¡" Esa es nuestra tarea y misión, que a nadie le falte el pan de cada día ni el pan de la eucaristía. Nuestra vida de discípulo nos lleva a implicar el corazón, a no pasar de puntillas ante las necesidades de los hombres, a conmovernos y a poner a disposición de todos el "pan" de tu vida y entonces, sí seremos como el Maestro: "he venido a dar la vida y una vida en abundancia". ¡Paz y Bien!


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