¡Venid!
san Mateo (11,28-30)
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Hoy el Evangelio nos regala uno de los fragmentos más consoladores, alentadores y esperanzadores del mensaje de Jesús y del ejemplo de su vida. Es una invitación dirigida a todos los que se encuentran "fatigados y agobiados". Y todos, por muy perfectos y libres que seamos nos podemos hallar así en algún momento de nuestra vida pues la fatiga acompaña al hombre a lo largo de la vida y la opresión, en sus mil formas diferentes -el consumismo, trabajo, condición social, relaciones, familia ..- no nos permite gozar plenamente de la libertad a la que hemos sido llamado. Por eso Jesús nos hace la invitación más necesaria y maravillosa: Él mismo nos aliviará, consolará y reanimará. Y termina la invitación de Jesús a imitarte no tanto en su amor y entrega que nunca estaremos a la altura de corresponderle como él lo ha hecho, sino imitarle en aquello que constituye el fondo de su corazón: su sencillez y su humildad. Nos quiere pequeños y humildes y Dios nos regalará los secretos de su corazón. Esta es la escuela de la sabiduría de Dios ¿Cuántos la frecuentamos? Pidámosles a la Virgen del Monte Carmelo cuya advocación celebra la Iglesia desde el siglo XIII, que siga acompañando a sus hijos en el mar de la vida. Que siga esa historia de favores de la Virgen para todos aquellos sus devotos que siente su protección llevando el escapulario como prenda de salvación. Felicidades a todos los religiosos y religiosas Carmelitas y a todos y todas que lleváis este hermoso nombre. ¡Paz y Bien!
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