"Ora et labora"
san Mateo (10,24-33)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»
Hoy celebramos a San Benito, el padre del monacato de Occidente y actual patrono de Europa, era estudiante en Roma cuando huyó a la soledad del monte Subiaco, antes de fundar una comunidad monástica en Monte Cassino. Escribió para sus monjes una Regla que es modelo de equilibrio y de respeto a las posibilidades humanas. Todo es moderación en la vida "benedictina", basada en el trabajo, la oración, y la vida en comunidad. Esta "escuela de servicio al Señor" se construye en torno a la lectura amorosa de la Palabra de Dios "lectio divina", a la liturgia de alabanza desarrollada de manera coral y al trabajo realizado en un clima de caridad fraterna, de humilde y obediente servicio. El evangelio de san Juan que proclamamos en este día recoge a la perfección el fin de la vida monástica-benedictina que no es otro que estar vitalmente ligados a Jesucristo (la vid verdadera), de la que el "Padre es el viñador". Solo permaneciendo unidos a él da fruto el sarmiento; sin esta unión, se seca y es destinado a ser consumido por el fuego. Jesús se autorrevela como la fuente de la vida y sólo el que "permanece", vive y se vuelve fecundo; quien se separa, muere. La condición requerida para esta fecundidad es acoger y realizar, como hizo San Benito y sus monjes, la Palabra de Jesús. Hermanos,¿permanecemos? ¿Corre por nuestro interior la savia de la fe que revitaliza nuestra vida y la fecunda? ¡Paz y Bien!
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