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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Institución y carisma


29 Junio 2015

san Mateo (16,13-19)

 En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Hoy celebramos en una sola fiesta a Pedro y Pablo, dos columnas de la Iglesia, maestros inseparables de la fe y de inspiración cristiana que por su autoridad son sinónimo de todo el colegio apostólico. Para quien vaya a ejercer la autoridad en la Iglesia, deberán tener mucho cuidado para no dejarse conducir más que por el "Padre que está en los cielos". Por eso Jesús, cuando pregunta:¿quién dice la gente que es el Hijo del hombre?, promete su autoridad en la Iglesia a aquel que se ha dejado llevar no por criterios de "carne y hueso", sino por lo que el Padre le ha revelado. Los criterios de "carne y hueso" que Jesús rechazó durante toda su vida son: la tentación del poder al estilo del mundo -prestigio, dominio, egoísmo-; la tentación del dinero como señor y movil de todo lo que se hace; la tentación de la eficacia, del relumbrón, del quedar por encima. Por eso los discípulos de Jesús, no deberán discutir sobre quién será el primero, ni andarán queriendo imponer la Buena Noticia a golpe de sable. No harán pactos con la mentira, no tendrán dos caras... Por el contrario, quien manda en la Iglesia deberá dejarse conducir por el "Padre que está en el cielo". Su actitud será la de servicio; y su postura, de rodillas ante el hermano para lavarle los pies. Deberá tener tanto amor, que esté dispuesto a dar la vida por quien sea. Procurará hacer siempre lo que tenga que hacer; pero sin perder la sencillez de quien sabe que no ha hecho más que cumplir con su obligación. Buscará siempre los últimos puestos. Tratará de ser libre de todo cuanto pueda apartarlo con su único objetivo: hacer la voluntad del Padre. Empezará la casa por abajo: por los pobres, los humildes, los marginados. Y su camino no será otro que el de Jesús: el camino de la cruz. Pedro y Pablo, uno desde Jerusalén, el otro por las rutas del Mediterráneo. Se volvieron a encontrar en Roma para sellar sus vidas con el martirio. En estos dos hombres tan distintos reconoce la Iglesia cómo ella no puede por menos ser atraído por lo antiguo y por lo nuevo, la prudencia y la urgencia, la tierra natal y la misión, hasta que nazca la unidad, que siempre está por encima de los modelos humanos. Pedro y Pablo son el ejemplo más hermoso del diálogo entre la institución y el carisma.
¡Paz y Bien!


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