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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Pan entregado


22 Abril 2015

san Juan (6,35-40)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Al escuchar hoy la Palabra de Jesús encontramos la tierra de nuestros orígenes. El hombre que fue arrojado del paraíso por querer vivir sobre su propia tierra, dándole la espalda a Dios, en Jesús, vuelve a ser reintroducido en el jardín de la vida para gustar del fruto del árbol. Él lo atrae todo hacia sí: plantada en el corazón del mundo, su cruz es el nuevo árbol de la vida en el que todo hombre puede encontrar su nacimiento: "Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio". El nuevo nacimiento a la vida eterna que trae Jesús es para todos. El pan de vida es alimento universal. No hay derechos reservados a la salvación y la huella del Espíritu no es una marca registrada. La gracia no es un coto ni una reserva protegida, un paraíso para privilegiados. El árbol de la cruz, está plantado fuera de los muros de ls ciudad, pues son muchos los que pasaban por allí y estaba escrito en varias lenguas para que cada cual conozca en su propia lengua la maravilla de Dios. Consuela saber que la preocupación mayor de Jesús es que no se pierda ninguno sino que todos se salven, y en la cruz nos ha dado la única ley de crecimiento en la fe: "si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto". En cristiano, no hay mas que esta ley: la de la vida entregada, la de la esperanza que asume el riesgo, la del comenzar de nuevo, una y otra vez, desde la sola confianza en la fidelidad del Espíritu. ¡A crecer se ha dicho! ¡Paz y Bien!


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