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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Sumergidos en el Hijo


16 Abril 2015

san Juan (3,31-36)

 El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Jesús termina su diálogo con Nicodemo afirmando que Él es el único revelador del Padre y dador de vida eterna a través del Espíritu:"el que crea en el Hijo tiene vida eterna". Nuestra fe no es una regla moral, por muy notable que pueda ser, sino que es, ante todo, confesión de lo que nos ha acaecido en Jesucristo. No tenemos que conquistar un Reino que nos habría sido dado bajo condición; en la fe, estamos sumergidos en su realidad. Poseemos la vida eterna cuando vivimos cada día reconociendo humildemente que es Jesús quien da sentido a nuestras vidas pues Dios mismo comunicó el sentido escondido de la vida en su Hijo, hombre para los hombres. Quien cree en Jesús ha nacido de Dios. La fe es nuevo nacimiento pues vence a la muerte. Somos testigos de lo que Dios ofrece graciosamente a los hombres en su Hijo, por eso nuestra fe no consiste solo en afirmar que Jesús es el Cristo, sino en aceptar ser hijo de Dios en él y vivir como tales. El juicio ya ha sido pronunciado y éste es el único testimonio que tenemos que dar: ¡hemos nacido de Dios! Nuestra vida no será más que la lenta encarnación de este nuevo nacimiento.
¡Paz y Bien!


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