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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Como Dios le soñó el primer día de la creación


13 Enero 2015

San Marcos 1,21b-28

 Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!". Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Impresionante cara a cara. Todos los que estaban en la sinagoga se quedaron estupefactos. Por un lado, un hombre, un poseído que sufre, un hombre fuera de si, desposeído de sí mismo, imagen de tantas vidas que se pierden por carecer de sentido, de tantas existencias que viven inhumanamente. Frente a este desdichado hombre está otro hombre, libre, de mirada de fuego, habitado por el Espíritu. Dios no nos ha abandonado a nuestra desgracia: en Jesús nos manifiesta que la vida es posible, que se puede mantener viva la esperanza. En Jesús contemplamos al hombre cabal, al hombre tal y como Dios le soñó el primer día de la creación cuando amasaba el barro amorosamente para modelarlo. En Jesús, hombre como nosotros ha sido sustraído de las fuerzas que despojan al hombre de su propia existencia:el egoísmo, la injusticia, la desesperanza, el fanatismo, la indiferencia. Jesús, el hombre cabal nos recuerda que se puede vivir en plenitud si vivimos lo que hace que sea posible el hombre: el amor. Jesús el hombre cabal, el "nuevo Adán", que ha recorrido el camino del hombre para abrirnos la vía de acceso a nuestra plenitud. Dios no quita nada al hombre, al contrario lo lleva a su plenitud. Es la autoridad del amor y del servicio la única que hará posible aliviar la pena, el dolor, la angustia del hombre de hoy. No caigas en la tentación de compararte con nadie, compárate con Jesús, la medida perfecta a alcanzar. Deja que el sueño de Dios se haga realidad en ti. ¡Paz y Bien!


Bitácoras


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