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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Maria Inmaculada, llena de gracia


08 diciembre 2014

San Lucas 1,26-38. 

En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 

a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. 

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". 

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. 

Pero el Angel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. 

 

Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; 

él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 

reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". 

María dijo al Angel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?". 

El Angel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. 

También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, 

porque no hay nada imposible para Dios". 

María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Angel se alejó. 

Algo importante se la roto al hombre por dentro y lo ha desquiciado. Ha perdido la armonía. Ha tapado todas las ventanas que daban a la esperanza. Ya no confía en sí mismo y ha perdido la solidaridad con los demás. El relato del génesis da testimonio de ello. 

Todo arranca de esa actitud de rebeldía hacia Dios, mordiendo el anzuelo ha cambiado de dueño. Y el pecado ha llegado a ser la expresión de esta nueva servidumbre que tiene al hombre desarbolado, metido en un callejón sin salida.

Pero como para Dios nada hay imposible, en María, el hombre, vuelve a reconquistar la libertad perdida, a despertar al hombre de su rebeldía.  

La fiesta de la Inmaculada nos ayuda a ponernos en pie de guerra contra la vieja servidumbre del pecado. Al contemplar hoy a Maria Inmaculada, tan limpia, tan "llena de gracia", tan "esclava del Señor", al tiempo que la proclamamos "bendita entre la mujeres", algo dentro de nosotros se levanta y nos empuja a despegar de tanto barro y, libres por fin, volar. 

Por eso, Dios comienza a preparar la que será su madre. Ahí acontece ya la primera victoria, que nos empieza a borrar el mal sabor de aquella primera caída de la primera mujer. Es el momento en que María, dentro de su madre, es concebida llena de la gracia del Señor, sin macha de pecado: INMACULADA. Y después de esta victoria, Maria nos ha enseñado a librarnos de tantas otras batallas contra el mal pasando del camino de la fealdad al camino de la hermosura. Dejando de transitar el camino del egoísmo para finalmente instalarnos en el camino del amor.

¡Feliz día!

¡Felicidades a las Inmaculadas y a las Conchas!

¡Paz y Bien!


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