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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¿Llevas puesta la alegría?


14 diciembre 2014

San Juan 1,6-8.19-28. 

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. 

Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 

El no era la luz, sino el testigo de la luz. 

Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?". 

El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías". 

 "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió. 

Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?". 

Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". 

Algunos de los enviados eran fariseos, 

y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?". 

Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 

él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". 

Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. 

¿Como es posible que haya gente que no quiera abrirse a la luz que trae el Señor y que Juan el bautista anuncia? ¡Pues las hay! Hay gentes que, al engaño de otras luces, se han acostumbrado a la penumbra o, temeroso del día, permanecen cerrados a cal y canto. No necesitan -eso creen- la luz, tienen bastante con el brillo de sus monedas, o con el calorcillo del placer, o con el corto candil de su egoísmo. Y claro, sus vidas, por mucho que quieran nunca desembocarán en la alegría.

Pero para los que hemos abierto los oídos al anuncio de Juan, quienes hemos abierto nuestras puertas para que la luz de Cristo se nos meta alma adentro, hasta los mas escondidos rincones donde mora el miedo, donde la muerte acampa a sus anchas, ¿cómo no vamos a saltar de alegría?, ¿cómo no se nos va a notar ese gozo en el brillo de nuestros ojos, en el latir de nuestros corazones, hasta en nuestra manera peculiar de trabajar, de amar, e incluso, de sufrir?

La verdadera fe se mide con el termómetro de la alegría. ¿Llevas puesta la alegría pase lo que pase? Los cristianos deberíamos ser los mas insobornables partidarios del optimismo, del gozo compartido, de la entrega feliz y generosa. 

¡Ponte hoy el termómetro de la alegría y obra en consecuencia!

¡Paz y Bien!


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