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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

5º Domingo de Cuaresma


06 Abril 2014

 San Juan 11,1-45. 

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: "Señor, el que tú amas, está enfermo". 

Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella". Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 

Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: "Volvamos a Judea". 

 

Los discípulos le dijeron: "Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?". Jesús les respondió: "¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 

en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él". Después agregó: "Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo". 

Sus discípulos le dijeron: "Señor, si duerme, se curará". Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. 

Entonces les dijo abiertamente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo". 

Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros a morir con él". Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días. 

Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. 

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 

Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas". Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". 

Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día". 

Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?". 

Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo". Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: "El Maestro está aquí y te llama". 

Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 

María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto". Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: "¿Dónde lo pusieron?". Le respondieron: "Ven, Señor, y lo verás". 

Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: "¡Cómo lo amaba!". 

Pero algunos decían: "Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?". 

Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: "Quiten la piedra". Marta, la hermana del difunto, le respondió: "Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto". 

Jesús le dijo: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?". Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, te doy gracias porque me oíste. 

Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado". Después de decir esto, gritó con voz fuerte: "¡Lázaro, ven afuera!". 

El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo para que pueda caminar". Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. 

Jesús para conseguir que nos cuestionemos la vida, nada mejor que empezar demostrándonos que tiene poder sobre ella. Para una arriesgada catequesis como ésta, Jesus hace todo un milagro: hacer que un muerto de cuatro días vuelva a la vida. 

Sí, ya se que no sirve de todo, que esa vida a la que Lázaro vuelve sigue siendo tan frágil como la que antes tenía, no es todavía la VIDA. 

Pero este encuentro nos debe preparar el corazón para ir saboreando esa vida nueva que ya despunta en la 'resurrección' de Lázaro. 

Es hermoso comprobar la humanidad llena de ternura de Jesús que no reprime las lágrimas ni los sollozos, que expresa la amistad profunda que le unía a esta familia y que no deja de mostrar el misterio de su filiación divina. 

El "credo" de Marta reconoce en Jesús al Mesías esperado. Jesús se revela como la resurrección y la vida. Y el potente grito con el que llama a Lázaro nos recuerda la llamada a la vida del primer Adán. 

En la casa de Betania 'casa del pobre ', Dios ayuda, eso significa el nombre de Lázaro, Dios ayuda dándose misericordiosamente a sí mismo y dando su vida como medicina de inmortalidad. 

!Gracias, Lázaro! Tu pequeña victoria de hoy nos prepara el paladar para saborear, cuando llegue el momento, la victoria definitiva de Jesús sobre la muerte. !Qué  hermoso abrazo te daría Jesús, amigo Lázaro, después de tu segunda muerte! Pero esta vez, para hacerte entrar, de su mano, en la Vida que había conquistado para ti, para todos. 

Gran catequesis es esta: hay vida divina en nosotros y el Bautismo nos abre la puerta a ella. 

!Paz y Bien! 


Bitácoras


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