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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Yo tampoco te condeno.


07 Abril 2014

San Juan 8,1-11. 

Jesús fue al monte de los Olivos. 

Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 

Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?". Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 

 

Sorprendida en a flagrante adulterio, la mujer debe pagar: es la ley. Y qué hace la ley una vez que ha denunciado el pecado?  Solamente hay una salida: cumplir la pena. La ley pone a la pecadora en un callejón con la muerte a fondo.

Sin embargo Jesús se desmarca de ese planteamiento invitando a ejecutar el castigo a quienes estén libres de pecado, a quienes nunca haya infringido la ley. ! Y no queda ni uno! Y es que Jesús nos pone delante de nuestra vida para que no se nos olvide nuestra propia debilidad. Quien no ha pecado a lo largo de su vida ? 

Sin embargo, Jesús que sí le podía tirar la piedra le dice : "pues yo tampoco te condeno, vete y en adelante no peques más"

Nada de complicidad indulgente de Jesús hacia la mujer: la trata como responsable de su mal pero también como alguien que puede hacer el bien. Jesús no otorga la última palabra sobre la vida de esa mujer al mal hecho, sino al amor que Dios la invita a vivir. 

Jesús deja que la arena se deslice silenciosamente entre sus dedos. No dice que la mujer haya actuado bien, ni juzga a los que la han traído ante él, sino que hace lo que no puede hacer la ley: libera a la mujer y le anima a recorrer el nuevo camino de la vida: el del amor agradecido. 

El pecado para Jesús no es sólo no cumplir la ley ni tampoco una falta de incoherencia con lo que creemos, sino una RUPTURA DEL AMOR. 

Ni la ley, ni la conciencia pueden otorgar el perdón, sólo el encuentro con un AMOR MAYOR. !Esa es la verdadera experiencia cristiana del pecado y el verdadero perdón de Dios! 

Ufffff! Y nosotros confesandonos de lo mismo una y otra vez! Cuando la confesión no es otra cosa que reconocer, con dolor de corazón, que le he dado la espalda al amor de Dios. 

Que día más hermoso para hacer una confesión en condiciones, como Dios quiere! 

!Paz y Bien!


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