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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

La Iglesia que Jesús soñó


29 Enero 2017

Mateo (5,1-12a)Evangelio según san Mateo (5,1-12a)

 En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Sobre la montaña, como si fuera el nuevo Sinai, Jesús va proclamar una ley nueva: va a decir cómo será el Reino de Dios que ha venido a fundar. Irá explicando cuál ha de ser la escala de valores de ese Reino, cuáles los criterios, para saber si alguien está dentro o fuera, si es el primero o el último, si va camino de ser feliz o desgraciado. En las "bienaventuranzas" -pórtico de este largo discurso-, Jesús configura con trazos fuertes el estilo peculiar de los ciudadanos del Reino, la manera de ser que deberá caracterizar a los que quieran formar parte de Él.

El modelo más acabado del espíritu de estas bienaventuranzas es el propio Jesús. Al irlas proclamando antes la gente, está haciendo -sin ellos saberlo- su mejor autorretrato. Toda su vida será poner en práctica este talante, esta manera de amar, y de servir, y de poner en Dios la confianza. Resulta apasionante leer el Evangelio bajo esta óptica: ver como Jesús va perfilando, con sus obras y sus palabras, la imagen del hombre nuevo que dejó escrita en el pregón de la montaña . Ver cómo va dejando, cada vez más claro, el modelo al que debemos ajustarnos si queremos ser la Iglesia que Él con tanto cariño soñó y fundó.
Nosotros, esta Iglesia nuestra de hoy, de aquí, ¿se parece también al modelo?¿Cuál es nuestro centro de interés, nuestras preocupaciones, nuestros objetivos?¿Cuál es la seguridad en la que vamos amarrando nuestra confianza? El dinero, la justicia, el amor, el poder, la paz, ¿ocupan en nuestra escala de valores el mismo lugar, exactamente el mismo, que en la Iglesia que soñó, que fundó, que amó Jesús?
¡Feliz Domingo!

¡Paz y Bien!


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