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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

El día del Señor


22 noviembre 2016

Evangelio según san Lucas (21,5-11)

 En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo».

El evangelista, apoyado en su fe, levanta la cabeza; el Evangelio es un anuncio de gracia y bendición; los últimos tiempos no son una época de cataclismo. No es el momento de prender en el corazón del hombre el miedo y la angustia. Porque para nosotros el día del Señor amaneció cuando la noche de un cierto viernes se iluminó como un alba sin fin. El juicio de Dios se pronunció cuando el sepulcro cerrado se abrió a una Vida que no puede agotarse. Los tiempos se han cumplido, en la Pascua del Señor; el mundo ha pasado a la tierra de Dios, la historia se ha transformado y ni los signos en el cielo ni los terrores de nuestro mundo podrán jamás en cuestión esa transformación. Los tiempos se han cumplido, porque todo ha cambiado con la resurrección de Jesucristo. Pero esta tierra nueva no se nos ha dada, "llave en mano", la esperanza hay que vivirla cada día, y la historia está por hacer.

A nosotros nos toca sencillamente vivir la fidelidad en el día a día. Nos toca, incluso desmontar muchos de nuestros proyectos (sin que quede “ni piedra sobre piedra"), para sustituirlos por otros más evangélico; tendremos que provocar de vez en cuando un “fin del mundo” en nuestra propia vida, dejando atrás lo que no se corresponde con la fe para hacer realidad lo que pedimos a veces tan rutinariamente en oración del Padrenuestro: “venga a nosotros tu Reino”.

Que santa Cecilia que hizo de su muerte y martirio un canto de alabanza a Dios interceda por nosotros para que vivamos nuestra vida con la misma pasión que ella vivió su muerte.

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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