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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Descoloca tanta humildad y sencillez


27 Julio 2014

San Mateo 13,31-35. 

Jesús propuso a la gente otra parábola: 

"El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. 

En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas". 

Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa". 

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, 

para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo. 

Descoloca tanta humildad y sencillez. Y es fácil que la impaciencia y la protesta se apoderen de los que seguimos al Señor. ¿O no hay orgullo más podrido que el que se queja diciendo: "la semilla es demasiado pobre, la tierra está demasiado helada, la levadura no se nota... Dios no es útil... Yo seré mi propio dios?

Dios nos pide paciencia. Dios nos pide confianza. Dios nos pide humildad. 

Dios no nos quiere que se nos suba a la cabeza la fiebre del protagonismo, y la lógica de la eficacia tan en boga en estos tiempos. La Palabra nos propone otra lógica: Dios está en el corazón de la vida. Y que ni quien planta, ni quien riega, es decir nosotros, somos tan determinante para el resultado final. Sólo lo es Dios, que da el desarrollo y el crecimiento a la semilla y, más tarde, a la planta.

Aquí radica el "éxito" de nuestras empresas: "sin mi, no podéis hacer nada". Es la primacía de la GRACIA en nuestras vidas. Sólo en comunión con Cristo, lo podemos todo. Sólo junto a Él, participamos en el milagro de producir resultados grandiosos y así, confiando en su fuerza y en su amor, la minúscula semilla de mostaza como la de la levadura encierran la promesa de una fecundidad extraordinaria.

Gracias, Señor, por hacerme ver que me necesitas para llevar a Evangelio de vida a los demás. Te pido que no me crea indispensable y protagonista en esta tarea, que con sencillez y humildad llevemos a todos el pan de la Pascua y la levadura para el mundo, humilde señal escondida a los corazones endurecidos por el orgullo.

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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