Todos vayan al paraíso
San Mateo 14,1-12.
En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,
y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,
porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".
Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes
que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran
y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.
Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.
Para la familia franciscana hoy es un día muy, muy especial. Era tal el amor de Francisco a todos los hombres y su deseo de que "todos vayan al paraíso" que pidió al Señor por intercesión de la Virgen nuestra Señora de los Angeles que todo el que entre en esta pequeña capilla reconstruida por San Francisco, habiéndose arrepentido sinceramente, confesado y habiendo recibido la absolución, se "le borren todos los pecados y las penas temporales de ellos en este mundo y en el purgatorio, desde el día de su bautismo hasta la hora en que entre en esa Iglesia".
Este tipo de indulgencia la Iglesia sólo la concedía a los que peregrinan al santo sepulcro del Señor o a las tumbas de los apóstoles. Y Francisco consiguió esta gracia del Papa que no dudó en concedérsela.
Y desde entonces, cada año, el día 2 de agosto, no sólo en la iglesita de la Porciuncula sino en todas las iglesias franciscanas se puede recibir esta gracia.
Aprovecha este día rico en misericordia, acércate a iba iglesia franciscana, recita el Padrenuestro y el Credo, haz confesión general de tus pecados, recibe a Cristo en la eucaristía y reza por las intenciones del papa.
Hoy que leemos en el evangelio el martirio de San Juan Bautista por un puro capricho y el deseo inmenso de hacer callar a los que nos recuerdan la verdad de nuestras vidas, es bueno caer en la cuenta como ha sido una constante en la historia de la humanidad perseguir y quitar de en medio a los que de modo claro y comprensible, con su vida y palabra, dicen la verdad de Dios. La verdad siempre es incómoda, del mismo modo que es incómodo el amor, porque implica la renuncia a nuestros propios intereses egoístas y pide la apertura al otro. Y ni Herodes ni Herodías estaban en esta sintonía. Prefieren no cambiar, no escuchar a su corazón, uno quedando bien ante la gente, aunque para ello tenga que quitar al Bautista del medio !cuántas promesas nos alejan de Dios!, y, la otra, su sed de venganza y su deseo que el profeta no le recuerde su pecado !así es el corazón humano!.
Que la fiesta del Perdón de Asís traiga paz y verdad a nuestras almas y disfrutemos de la misericordia de Dios en este día. Que nuestra Señora de los Ángeles nos acompañe en esta bendita empresa.
¡Paz y Bien!
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