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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Sin equipajes


01 octubre 2016

San Lucas (Lc 10,17-24)

 En aquel tiempo, regresaron alegres los setenta y dos, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos». En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

De dos en dos, envió Jesús a los 72 discípulos por todo el mundo para contarse por el camino la belleza de Dios y las maravillas que hace su misericordia.

Jesús los envía, porque la mies es mucha y hay que apresurarse por esos campos dorados del verano. Y aunque se dispone a subir a Jerusalem, es preciso que se anuncie la Palabra. Aprisa. Cueste lo que cueste. Sobran las estrategias, las maletas estorban, los seguros son inútiles. Mirad a los 72 discípulos partir sin más certeza que la de ser portadores de paz y testigos de una noticia de gracia.

Así tenemos que ser sus discípulos, así debe de ser la Iglesia, tan absorta en la siega que se olvida de la cizaña, tan pacífica que se extraña ella misma de su audacia. Una Iglesia que sólo tiene una palabra en los labios, un deseo en el corazón: !paz!

La mies es abundante, porque la paz de Dios ha de manifestarse. Y si la Iglesia tiene que vivir el Evangelio, es para salvar la cosecha. Que la santa que vivió en el la clausura del Carmelo y mereció ser proclamada patrona de las misiones, Santa Teresita de Lisieux, nos ayude a sentir como ella lo sintió la presencia de Dios en todos los momentos de nuestras vidas. ¡Todo es gracia! Esas fueron sus últimas palabras.

!Paz y Bien!


Bitácoras


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