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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

La Paz: "eres tú, el Señor"


04 Agosto 2014

San Mateo 14,22-36. 

En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. 

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. 

 Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 

Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". 

Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". 

"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. 

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". 

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". 

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios". 

Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. 

Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, 

rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados. 

 Jesús se refugia durante horas en la soledad para orar. Y sale de su oración para tranquilizar con su presencia a sus discípulos que están en peligro en la barca, pues se ha levantado el viento y les es contrario. 

Vivir la fe en momentos de dificultad fiándose del Señor es la gran lección que hoy nos ofrece el evangelio de hoy. 

Las "crisis" de cada día, nos hace temblar hasta el punto de impedirnos afrontar lúcidamente los problemas reales y poner remedio oportuno. Heridos por la historia y la vida de todos los días, estamos prisioneros de nuestros miedos y somos tantas veces, víctima de nuestras incertidumbres. Divididos entre las dudas y la fe, el discípulo del Señor, debe aprender a confiar más en  Dios que en sus propias fuerzas y a sentir en cada paso de si vida la voz del Señor que nos dice: "no temas, soy yo". 

Arriesguémonos a andar sobre las aguas y pronunciemos el nombre que engendra La Paz: "eres tú, el Señor" . No tengamos miedo de mojarnos, resistamos la tempestad pues allí donde los hombres se enfrentan con la tempestad de la vida, allí es donde tiene la Iglesia su existencia 

!El lugar normal de la fe es la aventura y el riesgo! 

!Paz y Bien!


Bitácoras


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