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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Con los ojos de Dios


08 Agosto 2014

San Mateo 16,24-28. 

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. 

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? 

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. 

Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino". 

 No podía ser de otro modo. La suerte del discípulo no podrá ser diferente a la del Maestro. Y su modo de pensar y su manera de vivir estará determinado  por la persona de Jesús. 

Las obras del discípulo deberán manifestar su decisión fundamental de poner a Jesus, y no así mismo, en el centro de su vida.

El discípulo deberá aprender  "a perder para conservar", "a morir para vivir", a mirarse menos así mismo y empezar a mirar a los demás con los ojos de Dios. 

El discípulo no puede hacer otra cosa que renunciar a ese yo egoísta, interesado y prepotente que sólo busca su bienestar y satisfacción, para asumir toda su vida con su cruz correspondiente y caminar, y seguir fijos los ojos en Él.

La lógica que vence es otra: perder la propia vida, es decir, consumir la en el servicio a los otros, sin rechazar el sufrimiento que de ello puede derivarse, y seguir amando de todos modos. Cuando vivimos así, nos convertimos en anuncio silencioso -aunque eficaz- de la auténtica liberación. 

Esto de ser discípulo no es tarea fácil, caminar con Cristo  nos lleva a conjugar el amor con el sufrir y aunque nos de miedo no caigamos en la trampa de amar con un amor barato, interesado y cómodo. 

Mal negocio nos propone Jesus en esta vida: dar equivale perder pues el amor que no se entrega por completo no es sino una copia camuflada del egoísmo. 

Pidamosle  al Señor el don de caminar tras sus pasos. La fuerza de la entrega sin condiciones. Que  nos infunda la fuerza de los pequeños y la desconfianza respecto a todo aquello que tiene el olor agrio de la violencia, que obtiene porque usurpa, que vence porque aniquila. 

Señor pon nuestros pasos en los tuyos para que aprendamos la sabiduría de tu amor crucificado. 

Que santo Domingo, fiel predicador de la Palabra, nos ayude a ser discípulo al estilo de Jesús, sin rebajas, sin apaños, sin buscar más provecho y ganancia que la de servir a los demás.

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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