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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

La espera con lámparas encendidas


07 Agosto 2016

san Lucas (12,32-48)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

"Dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" El cristiano, a poner su corazón en cosas que están fuera, muy por encima, de los valores normales de esta vida de aquí, tiene como desplazado su centro de gravedad. Siente dentro de sí como una fuerza que le impulsa hacia arriba, como una tensión que le impide dormirse sobre lo que tiene, contentarse con lo que le sacia el hambre de un día, resignarse a vegetar en una vida ramplona sin horizontes abiertos. A esa fuerza le llama fe.

No han querido entrar en el juego del codazo y la zancadilla para alcanzar el poder. Su río transcurre por otros cauces mucho mejor, más sereno: van ofreciendo su agua, limpia y fresca, a quien quiera apagar su sed o hacer fecundas sus tierras. Han descubierto algo mucho mejor que la pasión por mandar: el gozo de servir. No son muchos, es verdad. Pero están ahí. No les has dado la fiebre por el oro. Desea su vida sencilla, ven como el dinero ha ido ganando puestos, absurdamente, en la escala de valores de tanta gente. Y casi no se explican cómo pueda haber personas capaces de vender a un amigo, de hacer llorar a mi hermano, de empobrecer a todo un pueblo.

Ellos han llegado a descubrir la única cara limpia del dinero: cuando sirve para hacer feliz a alguien, sin tener por ello que apagar la sonrisa de nadie. Por eso saben usarlo cuando lo tienen; pero no pierden la paz si no lo tienen. No es que sean muchos, no. Pero están ahí. No les ha picado el bicho, hoy tan común, de la angustia. Han llegado a aceptar el riesgo de la vida: saben perfectamente lo poco consistente que es esta pequeña franja de tierra sobre la que nos movemos, lo frágil que es el latido del humano corazón. Pero no han caído en el sobresalto. El descubrir su contingencia no les empuja a llenar las antesala de los psiquiatras, sino a confiar en el inmenso amor del Padre que, un día más, les hace gozar del regalo de la vida. Y saben atisbar, desde la fe, que esta vida de acá sólo es un anticipo: que habrá, algún día, una vida sin muerte, sin zozobra, sin asomo de tristeza. No son muchos, lo sé. ¡Pero cómo se nota su presencia! No se han dejado arrastrar por la espiral de la violencia. Frente al ojo por ojo reinante, han seguido otra alternativa más válida, de mucho más futuro: la de Jesús. Y han tomado la chocante costumbre de responder con el bien a quienes hacen mal, de perdonar al que los odia, de poner la otra mejilla. Y les va la mar de bien; porque nunca se seca la fuente interior de su alegría y de su paz.

Claro que no son muchos ¡Pero si no fueran por ellos...! "No temas, pequeño rebaño". La levadura acabará un día transformando la masa. Cuando vuelva el Señor, habrá mucha gente esperando, con la puerta abierta y con las lámparas encendidas. El tiempo lo dirá.

¡Feliz Domingo!

¡Paz y Bien!


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