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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

El silencio de Dios


17 Agosto 2014

San Mateo 15,21-28. 

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. 

Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". 

Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". 

 Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". 

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". 

Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros". 

Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!". 

Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada. 

 Hoy el evangelio de este domingo viene a responder a una de las cuestiones que más cuesta arriba se nos hace en la fe: el silencio de Dios. El Dios que parece que no nos escucha, que no se da cuenta de nuestras necesidades y peticiones. Y por más que rezamos y pedimos, Jesús calla.

Él sabe que hay momentos y circunstancias en la vida que el buen Padre Dios "lo permite" porque confía que sea un momento y ocasión para AUMENTAR la fe y el amor. 

Parece que aparenta desinterés, que te ignora, que no te hace caso, y en cambio esa es la señal más segura de que algo maravilloso va a ocurrir.

La mujer cananea de este evangelio  nos dará pie para descubrir la gran fe que tenía y que gracias, al silencio, incluso a respuestas por parte de Jesús bastante despectivas, hace que esta mujer crezca más en su fe. 

Si el Señor a la primera de cambio hubiera accedido inmediatamente a lo que pedía, ella no hubiera subido tan alto en su fe expresada es esa hermosa confesión de fe: "tienes razón maestro, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de su amo". 

Y así podemos presenciar como Jesus actúa con cada uno de nosotros de manera diferentes, nos da a cada uno lo que necesitamos para crecer en la fe. Así a esta mujer la llevó de una cima o otra cima de la fe. 

Esta mujer entendió que sólo la súplica constante y la humildad  atrae el corazón de Dios. 

En cuanto que la mujer reconoció que no tenía derecho a la comida consiguió no sólo las migajas, sino todo un banquete. 

La mujer cananea tenía esa fe que mueve montañas. Para ella ninguna negativa de Jesús era total, ningún "no"definitivo. Continuó suplicando,primero de rodillas, después con las manos y por último postrando su rostro en tierra. Sólo la humildad, el saber que no tenemos ningún derecho en el orden de la gracia. Cuando actuamos así pasamos de la confianza en nuestros méritos a la fe en su misericordia.

Esta es la actitud que Dios espera de nosotros cuando lleguen las crisis de fe y de amor: confianza en su misericordia independientemente de la manera como Él nos trate. Sólo una gran fe puede penetrar esos aparentes dasaires, entender el amor que la provoca, y rendirse totalmente a Él.   

¡Feliz Domingo!

¡Paz y Bien!

 


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