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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Proclamar los Gestos de Dios


21 Agosto 2014

San Mateo 22,1-14. 

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: 

"El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. 

Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. 

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'. 

 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; 

y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. 

Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. 

Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. 

Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. 

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. 

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 

'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. 

Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. 

Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos". 

¡Otra parábola que se sale de lo habitual y de lo cotidiano! La parábola habla de Dios. Para Jesús, Dios "se cuenta ": son los gestos de Dios lo que hay que proclamar. Jesús recorre la tierra de Israel para cantar la gesta de Dios.

Dios es como un rey que ha preparado la boda de su hijo y aunque ha pensado en todo los detalles, mesas, comida, adornos, música y flores, falta lo esencial en la fiesta: los invitados. Aquellos a quienes se esperaban, las viejas amistades, los amigos y los parientes han hecho oído sordos a la invitación. 

Y Dios se encuentra sólo con su comida. Y hace acudir a los pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los cojos. Nadie estará excluido de la fiesta, en adelante, la mesa en la casa de Dios está puesta para el mundo y Dios festejará con todos las bodas de sangre de su Hijo con la humanidad.

¡Qué ciegos y hartos de si mismo tienen que estar todos los que rehusan participar a este banquete de bodas! Así le ocurrió al pueblo de Israel y también nos puede está ocurriendo a nosotros que invitados a la mesa de la eucaristía, donde el Hijo se nos da como alimento, preferimos otras mesas y frecuentamos otros banquetes donde saciar nuestra sed de felicidad; pero sólo la entrega de la vida podrá garantizarnos la verdadera y auténtica felicidad. Sólo quien come del pan de la vida y participa de la mesa fraterna gozará de esta vida y le asegurará la eterna. 

Buen día para que revises tu participación en la eucaristía. ¿Realmente has descubierto lo vital que es para tu fe? 

¡Paz y Bien!


Bitácoras


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