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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

A campo abierto


01 May 2016

Juan (14,23-29)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

Uno de los peligros principales de la primera Iglesia fue el encerrarse. Encerrarse primero, en el cenáculo por simple y puro miedo. Encerrarse después, en una visión miope de lo que Cristo hizo, por ejemplo, creerse que por haber pasado Él por el aro de la circuncisión e ir al templo de Jerusalén, todos los que creyéramos en Él deberíamos hacer lo mismo. Por eso el Señor le promete su Espíritu que le irá enseñando a afrontar, de cara, las situaciones nuevas de la vida, a leerlas siempre con el corazón abierto, por si Dios venía dentro, queriendo decirle algo. El Espíritu le irá enseñando a descubrir e incorporar, tanta Palabra de Dios, tanta semilla plantada por Él, de tan diversas maneras, en el corazón de los hombres. Había que confiar, navegar sin miedo. Me gusta ver esta Iglesia de los inicios dejándose moldear por el Espíritu. Buscando y encontrando a la luz que sale, del diálogo y de la oración reunida alrededor de los apóstoles, respuestas nuevas para los nuevos problemas. ¡Una Iglesia viva! Hoy son otros los problemas que siguen llamando a la puerta de la Iglesia. Y al pesar del peligro de encerrarnos nosotros también, de replegarnos en nuestra propia verdad, de repetir siempre lo mismo, hoy la eterna llamada a dejarnos conducir por el Espíritu nos mostrará nuevas maneras de encarnarse el Evangelio en este mundo tan cambiante, tan alejado.

Y así como está haciendo nuestro Papa Francisco podamos llevar la alegría del Evangelio de Cristo a todos los hombres de cualquier raza y condición remontando siempre lo que nos divide y ahondando en nuestra fidelidad a ese Jesús que nos une hoy. Hoy estamos llamados a vivir nuestra fe más allá de nuestros templos ¡Sin miedo, a campo abierto!

¡Feliz día de la madre! ¡Qué bien merece no sólo un día, sino toda nuestra vida para agradecerles todo lo que han hecho por nosotros. ¡Paz y Bien!


Bitácoras


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