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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Nos cuesta sintonizar con Dios


21 septiembre 2014

San Mateo 19,30.20,1-16. 

Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. 

porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. 

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. 

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, 

les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. 

 Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 

Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. 

Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. 

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. 

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. 

Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. 

Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, 

diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. 

El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? 

Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. 

¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'. 

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos». 

Si las parábolas de Jesús nunca dejan indiferentes la que nos propone en este Domingo, cuanto menos es chocante. 

Los obreros de la viña no comprenden la manera de actuar del propietario, a pesar de recibir lo convenido, no quieren aceptar que otros, habiendo trabajado menos, reciban lo mismo. 

Esta parábola quiere ayudarnos a levantar un poco las miras y descubrir cual es la verdadera recompensa que Dios Padre da a todos los que trabajamos en su viña, que no depende de nuestros méritos y 'horas' de trabajo sino de su bondad; no es un salario merecido según el trabajo realizado sino don gratuito: EL SALARIO DEL CORAZON. 

No se puede seguir a Jesús y tener un corazón tan pequeño. Nadie que trabaje en la viña del Señor puede creerse que es dueño del cortijo. La alegría debería ser la manera normal del respirar el corazón de los cristianos, al ver que hay otros que van recibiendo también el anuncio y van entrando en el juego.

Si levantáramos más nuestras miras y dejáramos de creernos merecedores de todo apelando a nuestros muchos años de entrega y trabajos, descubriríamos que recibimos de Dios más de lo que merecemos. Y se nos quitaría de los ojos esa tristeza que tanto nos afea cuando miramos con envidia el bien de nuestro hermano. 

Hoy el Señor sigue mandando trabajadores a su viña, pero nos pide a los que ya estamos trabajando quitarnos algunas viejas manías que nos estorban  e impiden sintonizar con el corazón generoso de Dios: la de contar y recontar el tesoro de nuestras buenas obras, con la que pretendemos un día comparar el cielo; la de creernos más ricos, más buenos, con más derecho que nadie ante Dios; la de pasar recibo por cada buena acción, por cada gota de sudor derramado en nuestros trabajos por el Reino; la de seguir recibiendo al hermano menor, cuando vuelve a casa arrepentido, con un tono de reproche en lugar de una explosión de alegría. 

Nos cuesta sintonizar con Dios. No acabamos de convertirnos. 

¡Buen Domingo! 

¡Paz y Bien! 


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