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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Desarme total


13 Marzo 2016

san Juan (8,1-11)

 En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: - «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: - «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: - «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: - «Ninguno, Señor». Jesús dijo: - «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

¡Desarme total! Jesús ha venido a desactivar la triste relación culpa-castigo que engendra temor, introduciendo un dato nuevo, inesperado, maravilloso: ¡el perdón!; y el perdón es hijo del amor y va produciendo, a su vez, amor. El que entra en esta dinámica ya no siente deseos de tirar piedras a nadie, y de apretar el gatillo, y de pulsar el botón que desencadena la muerte. Jesús hoy nos enseña a mirar hacia dentro. "El que esté sin pecado, que tire la primera piedra". Mirándonos de frente, hacia dentro, en el espejo del alma, se nos quitan para siempre las ganas de juzgar, y más aún de condenar: "Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último ". Mirándonos sin miedo y sin sin hipocresías, vemos que en el fondo de nuestro corazón se esconden los mismos pecados que tanto nos molestan del hermano. ¿Y con qué cara vamos a condenar al que tiene una mota en el ojo, mientras tenemos una viga en el nuestro?

Jesús desarmó a los implacables cumplidores de esa ley con sólo ponerle delante un espejo: haciendo que, al verse ellos también culpables, perdieran todo deseo de juzgar a nadie. Y, roto el dique de la ley, dejó que el río de la misericordia inundasen nuestras estepas desoladas. Hizo que el amor se enseñoreara de nuestro paisaje. Por eso aquel día algo como una luz empezó a encenderse en el fondo de los ojos de aquella mujer desamparada. Mirad que realizo algo nuevo: ya está notando ¿no lo notáis? "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante, no peques más".

¡Feliz Domingo!

¡Paz y Bien!


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