No ha llegado su hora
san Juan (7,1-2.10.25-30)
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: - «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: - «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
En plena fiesta de las tiendas con la que el pueblo de Israel daba gracias a Dios por las cosechas y recordaba los cuarenta años pasado en el desierto, Jesús participa en ella como queriendo hacer su último esfuerzo por invitar a sus adversarios a reflexionar sobre su persona y sus "obras". Pero no lo consigue. Sus palabras suenan a los oídos de sus adversarios como una ironía, un insulto y una blasfemia. Tratan de echarle mano, pero en vano: él es el Señor del tiempo y las circunstancias, porque se ha sometido totalmente al designio del Padre, y todavía no ha llegado su "hora". Once de marzo. Una fecha que remueve desde hace doce años el corazón de los españoles y de muchas personas de buena voluntad. Once de marzo, los atentados en Atocha. Once de marzo, viernes de cuaresma, y el evangelio nos habla de un Jesús perseguido, amenazado, que sigue cumpliendo su misión al tiempo que evita llamar demasiado la atención.
Quieren agarrarle; van a por él. Pero todavía no ha llegado su hora. Hoy viernes de Cuaresma, contempla al Crucificado camino de la cruz, y ofrece hoy él Vía Crucis por todos los que hoy son crucificados en los campos de refugiados, en las periferias de las grandes ciudades, en tintos lugares donde la dignidad de la persona vale tan, tan poco.
¡Paz y Bien!
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