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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Hasta no sentir la contradicción


01 octubre 2014

San Lucas 9,57-62. 

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". 

Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". 

Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". 

Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". 

Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". 

 Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios". 

 Además de los Doce había también otros que querían seguir a Jesús, aunque no siempre sabían con claridad lo que significaban en el fondo "seguirle". 

Seguir a Jesús supone un cambio radical de vida. Supone avanzar, emprender con decisión la vida, quedar libre de todo peso que pudiera retrasar la marcha. 

La urgencia del anuncio necesita de seguidores que no se aferren a nada, es decir, con total confianza y libertad ante los bienes y riquezas. Que tampoco se aferre a lo que ya no tiene vida aunque haya que romper costumbres  y tradiciones, y tiene que estar dispuesto a no depender de los lazos familiares pues los lazos de la fe requiere de gente decidida que no miren hacia atrás.

La llamada de Jesús urge, provoca, no deja indiferente. Y, si es así  ¿qué nos está pasando hoy a los cristianos? ¿Será que veintiún siglos de costumbre nos ha quitado esa sensación de exigencia, de urgencia de hacer presente el Reino de Dios? 

Hay que reconocerlo, por un lado, para muchos cristianos seguir a Jesús no significa tanto en sus vidas, y por otro, la indiferencia reinante es tal en este tiempo que es más perniciosa para la fe que una oposición declarada a la misma.

La tibieza de muchos cristianos no ¿será señal de que la sal ha perdido su valor?

Recuperemos la pasión, la entrega, la urgencia de este mensaje que nos engancha a la vida. 

A decir verdad no somos verdaderos discípulos hasta no recorrer todo el camino, hasta no sentir la contradicción, la cruz, el Golgota. 

Que el ejemplo de la vida de santa Teresita de Lisiuex nos empuje a transitar los caminos de la santidad. !Paz y Bien!


Bitácoras