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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

Vivir tu condición de hijo amado


08 octubre 2014

San Lucas 11,1-4. 

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos". 

El les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; 

danos cada día nuestro pan cotidiano; 

perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación". 

 Para el evangelista Lucas orar es un compromiso de vida, una manera de ser. Por eso la oración de Jesus es una acogida incondicional de la voluntad del Padre. De ahí la importancia del Padrenuestro, la oración de los hijos.

"¡Padre nuestro!" Con estas dos palabras penetramos en la oración mas sencilla y auténtica que tenemos los cristianos. Con razón es la oración del mismo Jesús, con estas palabras Él se dirigió a Dios y entraba en esta corriente de amor que te lleva a vivir y a comportarte como "hijo".

Digo "nuestro", y ahí están todos los hombres, con esa palabra oro teniendo presente a toda la humanidad, a todas las criaturas. 

Digo "Padre", y ante toda esa humanidad, llamo a Dios para que nos engendre a su propia vida. Que vuelva a tomar, la obra ya comenzada de su creación, cuyo amor no conoce término. Que a pesar del pecado que no quiere que seamos y nos comportemos como hijos, el Padre nos crea y modela en cada instante según su voluntad y recobra para nosotros el verdadero lugar de nuestra existencia. 

Esta oración nos arroja a los brazos del Padre, y le permitimos que nos tome de nuevo, que nos recoja y que nos reintroduzca en la casa de la que nunca jamás deberíamos haber abandonado. 

El "Padrenuestro" no es por tanto, cuestión de fórmulas, de frases, de palabras dichas de memoria, sino de dejarse llevar por la gracia, de sentirse en las manos de Dios que nos re-crea, haciéndonos hijos suyos, animados por el amor de su Hijo. Eso es exactamente rezar: vivir tu condición de hijo amado. 

Grábatelo bien en la memoria de tu corazón y reivindica para ti, en todo momento y ocasión tu condición de hijo amado. Que no pase ni un minuto de tu vida sin que sienta la presencia creadora del Padre que vela y te acompaña siempre. 

¡Paz y Bien!


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