Lo malo de juntar a Santa Ana y San Pascual
No sabemos cuándo comenzó la tradición, pero desde hace muchísimos años el sábado más próximo a la fiesta de san Pascual Bailón, que vivió en este convento de 1580 a 1583, la Adoración Nocturna de la diócesis celebra en nuestra pequeña iglesia alcantarina de Santa Ana del Monte la Vigilia de Espigas, que concluye con una procesión eucarística hasta la capilla del Padre Juan Mancebón, desde donde se bendicen los campos y las cosechas.
Este año, y con una afluencia de adoradores inusitada (diecisiete banderas, algunas de ellas de diócesis vecinas), se incluyó en dicha bendición una petición especial por la lluvia, tan necesaria en todas partes. Pues pedido y llovido, la verdad, porque esa misma noche cayeron las primeras gotas, y así ha seguido hasta el día de hoy, mansamente en ocasiones y, en otras, a cántaros y con tormenta eléctrica o granizo.
Lo mismo ocurrió cuando el 29 de abril, a instancias del Sr. Obispo, comenzamos las rogativas por la lluvia a nuestra entrañable titular “la Abuelica” Santa Ana: fue acabar la misa y comenzar a llover. Tal cual. Y como los excesos no son buenos, especialmente para algunos frutales de hueso que está en época de recogida, ya ha habido agricultores de Jumilla que nos han pedido, con mucho respeto, eso sí, que hagamos el favor de que, cuando roguemos de nuevo por la lluvia, no se nos ocurra juntar más la oración a Santa Ana y a San Pascual. Que por separado sí, pero juntos...
Fraternidad de Jumilla
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