Fray José Arenas se despide de la Parroquia San Francisco de Albacete
La comunidad parroquial de la Iglesia de San Francisco en Albacete, se reunió el pasado viernes 16 de septiembre a las 8 de la tarde en una Eucaristía para despedir al Párroco D. José Arenas Sabán, trasladado al Santuario de Nuestra Señora de la Regla en Chipiona (Cadiz).
En ella se dio gracias a Dios por los siete años en los que se ha podido disfrutar del buen hacer del Padre Arenas. Muchos feligreses fueron los que asistieron a la celebración y numerosas fueron las muestras de afecto que se produjeron, antes, durante y después de la Eucaristía.
Tras una monición de entrada, donde se destacó la ingente tarea de evangelización desarrollada por el Padre Arenas y la gran cercanía que ha mostrado siempre en todo lo que ha hecho, se pasó a la homilía, no sin antes poder escuchar el aleluya especial cantado por el Coro Parroquial que no quiso perderse esta celebración.
La homilía que, por primera vez en siete años fue leída por el Padre Arenas, fue desgranando de manera sencilla los años que ha estado en la Parroquia, así como su agradecimiento a los feligreses. En más de una ocasión la emoción le impidió leer el texto y en otros fueron los aplausos de los asistentes puestos en pie, los que dificultaban su continuidad.
Tras la oración de los fieles, donde se pidió a Dios por el Párroco, tuvieron lugar las ofrendas. Cómo no, se ofreció al Señor su don de palabra, su capacidad de predicar, su voz poderosa y modulada, y su vocación sacerdotal.
Y tras la Consagración, momento central de la celebración y siempre tan cuidado por él, y la comunión, donde la Directora del Coro Parroquial tocó al piano el famoso canto de “Pescador de Hombres”, llegamos al momento de la Acción de Gracias. Fueron la Presidenta de la Hospitalidad de Lourdes y una catequista las que tuvieron la ocasión de agradecer toda su labor en nombre de la comunidad parroquial. Se agradeció su generosidad, su cercanía, su sencillez, su buen humor, su alegría, su discreción, su bondad y su disponibilidad para todo y para todos. No se olvidó de citar su atención pausada y personalizada a todos los problemas que le llegaban. En definitiva, se agradeció a Dios la bendición de haberlo tenido con nosotros durante todo este tiempo.
Finalizó la Misa con la bendición irlandesa, que en esta ocasión, fue la comunidad parroquial la que bendijo a su párroco deseándole toda suerte de bienes en su nuevo destino.
Augusto García. Parroquia San Francisco de Albacete
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