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En primera línea

Santa Ana de Jumilla, abuela del hermano viento


05 septiembre 2022
Santa Ana de Jumilla, abuela del hermano viento

Este pasado aciago mes de agosto, con tanto incendio forestal, Jumilla ha salido dos veces en los informativos nacionales. El incendio de principios de agosto estaba relativamente lejos del convento, a unos quince kilómetros, y no pasamos apuro.

Pero el del día 27 estaba solo a unos cinco o seis kilómetros, se veía la humareda desde el huerto, el olor a quemado era muy fuerte y el miedo por la integridad de Santa Ana y las viviendas de alrededor desató todas las alarmas. Todas menos las del convento, porque la “Abuelica Santa Ana”, como se conoce popularmente a nuestra imagen titular, nos tiene bajo su protección desde el año 1573.

 Para los escépticos, transcribo literalmente el audio del jefe de bomberos, que nos reenvió a la mañana siguiente una muy querida amiga común:

Menganita, pues dile a los frailes, además envíales si quieres este audio que te estoy grabando, para que les comentes que lo que ocurrió ayer, sinceramente, de verdad, y se me ponen los pelos de punta al decírtelo, y decírtelo además aquí a pie de incendio, justo aquí, que lo que ocurrió ayer fue milagroso.

El incendio estaba desbocado, progresaba a una velocidad salvaje, o sea estaba fuera de capacidad totalmente y progresaba en dirección hacia Santa Ana, que ya se podía ver que el fuego progresaba a una velocidad de vértigo hacia la Sierra de Santa Ana, como te digo estaba desbocado y fuera de capacidad.

Empezamos atacándolo donde empezó y obviamente esa zona acabó siendo la cola del incendio. Entonces nos resituamos posteriormente y nos pusimos en el frente del incendio, con la intención de proteger el monte y el convento de Santa Ana y, si era posible, intentar frenar el frente del incendio o por lo menos intentar mitigarlo un poco.

Pues nada, en principio, como te digo, nos íbamos a ir más cerca de Santa Ana pero justo cuando estábamos resituándonos cambió el viento. Hasta entonces soplaba en rachas muy fuertes hacia el noreste, o sea hacia Santa Ana, pero de golpe frenó el viento. Y no solamente frenó sino que se puso a soplar en sentido opuesto adonde se encuentra el convento, y empezó a llevarse al incendio hacia la cola, hacia donde habían empezado las llamas.

¿Qué ocurre?, que eso nos dio una ventana de oportunidad para poder atacar el incendio en el frente y, además, poder frenarlo definitivamente, y frenarlo a bastante distancia de Santana, o relativamente a bastante distancia teniendo en cuenta lo rápido que se acercaba, más o menos a la mitad de la Sierra Larga.

Y así fue, así fue; cambió el viento mientras nos resituábamos, cambió drásticamente, nos dio la oportunidad de atajarlo, y de esa manera pues se pudo frenar. O sea que fue algo, ya te digo, que diría que casi milagroso y se me ponen como te digo los pelos de punta porque, pues eso, ayer por la tarde estar aquí y vivir ese miedo, y esta mañana poder estar comentándote esto desde el mismo incendio ya estabilizado, pues es emocionante.

Ojalá no se nos hubiera quemado ni una sola hectárea, pero qué duda cabe que el arraigo sentimental y también el valor natural y ecológico que tiene nuestra Sierra y convento de Santa Ana pues es incalculable para cualquier jumillano, y el que el fuego se haya quedado a una cierta distancia pues es también un motivo de satisfacción.

O sea, que nada, si les quieres hacer llegar este audio a los frailes tienes todo mi permiso para hacérselo llegar. Y así fue como pasó. Si quieres ya más adelante pues hablamos tranquilamente.

Así que nada, amiga, vamos a seguir aquí todo lo que queda de día, trabajando, a ver si con un poco de suerte ya se puede dar por extinguido, aunque controlado y perimetrado ya está; el incendio ya más superficie no va a quemar, con lo cual en ese aspecto los frailes y todos vosotros podéis estar totalmente tranquilos. Venga, un abrazo muy fuerte. Hablamos.

San Francisco de Asís comienza la cuarta estrofa del Cántico de las Criaturas nombrando también al aire: “Loado seas, mi Señor, por el hermano viento”.  Los frailes y los vecinos de este convento de Jumilla pensamos, desde este agosto, que ese viento, como toda criatura de Dios, también es nieto, de algún modo, de la Abuelica del Señor. Y los nietos buenos, que son la mayoría, siempre hacen caso de sus abuelas.

 Que Dios premie los trabajos y esfuerzos de todos los que han colaborado en la extinción de este incendio. Nosotros seguiremos rezando por ellos todos los días. Y por todos los nietos y sus abuelas, incluido, por supuesto, el obediente hermano viento de Santa Ana.

La comunidad de Santa Ana


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