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En primera línea

Carta del Ministro provincial a las Hermanas concepcionistas


16 Agosto 2022
Carta del Ministro provincial a las Hermanas concepcionistas

El ejemplo de quienes han descubierto a Dios en sus vidas nos interpela a la hora de vivir la propia consagración. A veces sólo nos miramos a nosotros mismos y sacamos todo el bagaje de aquello que nos cuesta y que forman parte de nuestras renuncias y fracasos.

Y olvidamos que, por encima de toda renuncia, hay una opción que da sentido a todo lo demás. Esa opción es Cristo, a quien nos hemos consagrado, y el modelo es María Santísima, la mujer del sí, la mujer consagrada, que aceptó el proyecto de Dios en su vida, se asoció a él y supo estar presente en los momentos nucleares de nuestra historia de salvación.

Santa Beatriz también podría hablarnos de sus renuncias, de no dejarse atrapar por reyes y nobles para vivir su virginidad consagrada a Dios, pues es Él su razón y su vida. Y María Santísima fue ese espejo en el que mirarse cada día para vivir el seguimiento a Cristo, pobre y humilde, acogiendo con generosidad la Palabra y la voluntad del Padre, y así pronunciar ese ‘amén’ al estilo de María a la hora de vivir su peregrinar por este mundo.

Y esta entrega requiere mucha escucha, hermanas; descentrarnos de nosotros mismos y de nuestras apetencias para abrir nuestro interior al querer de Dios y responder agradecidos al don de su llamada. No podemos conformarnos con una vida mediocre ni tampoco podemos dejar pasar el tiempo aferrados a nuestras comodidades. María Santísima, abierta a la escucha de Dios y a su proyecto de salvación, no redujo su vida a dar el sí para luego seguir atrapada por sus negocios, sino que el sí a Dios le supuso estar en camino para salir de ese mundo conocido y entrar en el de Dios, que nos lanza a vivir en fraternidad la vocación confiada.

Con la hermana somos llamados a la oración, a discernir, a celebrar y a compartir. Y ante la hermana nos descalzamos, como si pisáramos terreno sagrado, para aprender de María Inmaculada a mirarla con nuevos ojos, dejar a un lado el fácil juicio y las rencillas de los pequeños malentendidos, y a sabernos transmitir esa palabra oportuna que haga sentir a la hermana que es don que Dios nos ha confiado.

Todo se reduce a acoger y a dar a luz: si vivimos nutriendo la vida de la contemplación, somos llamados a manifestar a Aquel que contemplamos o algo que estará fallando en nuestra vida. ¿Dónde está Dios en caso contrario? ¿Y a quién contemplamos y adoramos? Despojados de todo ego, es a Cristo a quien encontramos y es a Cristo a quien damos.

Que María Inmaculada, patrona de la Orden y de nuestra Provincia, nos siga llevando a Dios y nosotros nos dejemos confiar en sus manos para llevarlo a la vida de nuestras hermanas y comunidades.

Fray Joaquín Zurera Ribó, OFM Ministro provincial.

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