Domingo de Ramos en Ávila
Poco a poco, el sol se va abriendo paso entre las nubes y la gente, mayores y niños, se van congregando ante las puertas de la Catedral del Salvador de Ávila. Pasado el mediodía, concluida la solemne Eucaristía presidida por nuestro obispo Jesús, un niño de la Juventud Antoniana, hace el anuncio:
“Hermanos, nos hemos reunido esta mañana
para aclamar a Cristo nuestro Rey y Redentor.
Igual que los hebreos, con palmas y ramos,
símbolo de vida y de victoria, salimos al
encuentro del Salvador…”
Se abren las puertas del templo y, precedida por los cofrades de Medinaceli, aparece la imagen de nuestro Señor a lomos de un pollino. Es “La Borriquilla” como cariñosamente, se conoce en Ávila. Tras él, lo acompaña la pequeña imagen de nuestra Señora de los Infantes que es llevada a hombros por los niños y jóvenes de la Juventud Antoniana.
La procesión, da comienzo y, acompañados por la banda de cornetas y tambores de Medina del Campo, niños de los colegios y parroquias de Ávila, nos dirigimos hacía el convento de San Antonio.
Durante el recorrido es hermoso ver a la multitud de niños que, agarrados a sus padres o abuelos, con su ramo en la mano, se acercan a ver el paso del Señor.
En todos los que participamos en esta procesión que abre la Semana Santa, un deseo:
que nuestra alabanza sea profesión de fe y compromiso para seguir al Señor en su camino hacia la cruz y, a través de ella, paso a paso, hacia el triunfo definitivo.
Que este día, que esta procesión, nos haga comprender lo que debe ser nuestra vida de bautizados: aclamar al Señor nuestro Salvador, siguiéndole fielmente, paso a paso.
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