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  • Cada día con Francisco de Asís

Octubre 19

Testigos presenciales de estos acontecimientos, dos varones de aquella ciudad, visitados e inspirados por la gracia divina, se presentaron humildemente a l bienaventurado Francisco. Uno de ellos fue el hermano Bernardo, y el otro, el hermano Pedro. Ambos sencillamente le declararon: “Queremos vivir contigo en adelante y conformas nuestra vida con la tuya. Dinos, pues, lo que hemos de hacer de nuestros bienes”. El se regocijó mucho de su venida y propósito y les respondió con bondad: “ Vayamos y pidamos consejo al Señor”.
Fueron, pues, a cierta iglesia de la ciudad de Asís, entraron, se arrodillaron y humildemente rezaron así: “Señor Dios, Padre glorioso, te rogamos que por tu clemencia nos manifiestes lo que hemos de hacer”. Y, terminada su oración, pidieron al sacerdote allí presente: “Señor, déjanos ver el evangelio de nuestro Señor Jesucristo”.
El sacerdote abrió el libro, pues ellos no sabían todavía manejarlo debidamente. Y en el acto dieron con el texto en el que está escrito: Si quieres ser perfecto, ve y vende cuanto tienes y dáselo a los pobre y tendrás un tesoro en el cielo. Al consultar otra vez el libro toparon con el texto: Quien quiere venir en pos de mí… Por último se les presentó éste: No toméis nada para el camino… Al oírlos experimentaron inmensa alegría y exclamaron: “¡Ahí está lo que anhelábamos! ¡Ahí está lo que buscábamos!”. Y el bienaventurado Francisco agregó: “Esta será nuestra Regla”. Luego, mandó a sus dos compañeros: “Id y cumplid el consejo d el Señor tal como lo oísteis”.

( AP 10-11)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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