Skip to main content

Ascensión


31 May 2025

¡Hola, Jesús!, amigo del alma...

Sé que estás conmigo desde fuera y desde dentro, que sabes lo que te voy a decir antes que pase por el corazón y el pensamiento, porque tú eres en mí más real que yo mismo.

Pero… me pasa como al pequeño pez que iba por el mar “buscando el océano”. Lo tenía tan cerca, se movía en él y lo buscaba.

Aquí tengo que darte ya las gracias porque tu Espíritu me está ayudando mucho a “verte”, a “escucharte”, a “tocarte”, a saberme mirado y querido. Sí, gracias.

Ayer le dijiste a Tomás y hoy te escucho decírmelo a mí: “dichosos los que creen sin haber visto, sin palpar, sin oír, sin…”

Y, teóricamente lo entiendo un poco, pero en la práctica creo que no entiendo casi nada. Y veo que a muchos le pasa lo mismo…

¿No ves cómo se aferran a una imagen, cómo te buscan en un lugar más que en otros?

¡No te hemos descubierto vivo y palpitas dentro de cada uno, y siempre en medio de nosotros!

Nos hemos olvidado de aquello que dijiste a la mujer de Samaría: “ha llegado la hora en que los que quieran adorar al Padre no tendrán que ir ni al monte Garizín ni al templo de Jerusalén. Lo adorarán en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que el Padre quiere.

¡A mi edad, cuánto por aprender, cuánto por descubrir, cuánta dicha por vivir!

Qué bien supiste despedirte de tus discípulos.

Cuántas razones les diste para la paz, la alegría y el compromiso. Tan bien lo hiciste que, nos dice el evangelio de hoy que, cuando “entraste en Dios” y dejaron de verte, se fueron a Jerusalén llenos de alegría.

Señor hoy quiero pedirte esa alegría para la Iglesia, que la gente nos perciba asombrados, alegres y agradecidos.

Estamos contigo, estás con nosotros y te encontramos en la gente a la que vamos.

Estamos en los asuntos que el Padre se trae entre manos.

El Espíritu que nos has dado nos-lo-dice, como sólo Él sabe decirlo.

Y tengo más que pedirte: “Ábrenos también a nosotros la mente para que comprendamos las Escrituras”. Lo sabes bien, estamos cometiendo el crimen de recibir como palabras muertas las palabras vivas que nos dices. ¿Cómo arreglaremos esto?

Y qué lindo y sugestivo: “te sumergiste en el Padre mientras los bendecías”. Jesús, bendícenos ahora... a todos. Lo necesitamos tanto.

AMÉN, AMÉN, AMÉN.