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Libre para decir


25 Enero 2025

¡Hola, amigo Jesús!

¡Qué grande eres, qué claro lo tienes, qué libre para decir y hacer lo que hay que decir y hacer!

Me da tristeza que, por lo mal que lo hemos hecho tus discípulos, mucha gente, que estaría encantada contigo, te hayan metido en unos estereotipos melosos y encartonados que te desfiguran. Si también yo he contribuido a eso, te pido perdón Señor mío.

Ya veo que en tu pueblo empezaste con el “buen pie” de decir las cosas claras, porque estás aquí para “dar vista a los ciegos”. Y ya se ve también que, como siempre, las tinieblas luchan contra la luz y quieren apagarla. Como hoy en nuestro país tratan de apagar la luz de la Iglesia, pero se equivocan…, esa luz eres Tú, Dios mío.

¡Qué bueno saber que no lo conseguirán!

Tus paisanos, los que creían conocerte y no sabían casi nada de ti, se enfadaron mucho contigo. Te atreviste a decir que Dios y sus promesas no son asunto de libros, de ayer o del futuro, que las Palabras de Dios no son palabras huecas e “inofensivas”, que HOY se cumplen delante de ellos. Y les destartalaste su vida tan celosamente construida, les pusiste en crisis sus odios y sus apegos. Y ellos eso no lo soportaron, como tampoco nosotros no lo soportamos. Qué tranquilitos y contentos nos quedamos escuchando las palabras y las promesas de Dios. Nos quedamos tranquilos diciendo maravillas de nuestra doctrina, de nuestras tradiciones, costumbres… de nuestras esperanzas.

Todo muy bien mientras no sea yo el que tiene que cambiar hoy, compartir hoy, perdonar hoy, comprometerme a hacer hoy lo que el Padre de las misericordias quiere. Si esto sucedió en el pasado, bien. Si esto va a suceder en el futuro, bien. Si esto es para los otros, bien. Pero si soy yo el que tiene que cambiar y empujar el Reino de Dios… ya no lo vemos muy claro.

Mi amigo, no sé cómo he llegado a vaciar de fuerza, de urgencia y de vida tus palabras. Lo cierto es que te escucho y sigo con la sensación que eso no va conmigo, que son palabras de un libro, que son palabras de ayer y para otros. No sé cómo he llegado a esto, pero sé que tengo que escucharte de otra manera.

Tengo que aprender a escucharte llamándome amigo HOY. Tengo que oírte invitándome a seguirte HOY. Tengo que acoger en vivo tu invitación a confiar en el Padre HOY. Tengo que oírte de “tú a tú” “no tengas miedo”.

El Padre, el Espíritu y Tú no son de ayer ni de mañana, son de HOY.

Ayúdanos Señor para que así lo vivamos... y así seamos: cristianos coherentes con el Evangelio.

Amén.