La Iglesia continúa siendo una gran comunidad ritual. Pero la “ritualidad” de la Vida Consagrada ha ido a menos. Y ésta es una de las causas de erosión comunitaria y probablemente de la poca seducción de la Vida Consagrada en las nuevas generaciones.
Los “rituales” son el antídoto al caos: liberan del narcisismo individualista y colectivo; representan valores que mantienen y cohesionan a una comunidad. No basta la comunicación digital: ¡es comunicación sin comunidad! La comunidad ritual es para el tiempo comunitario lo que una vivienda para el espacio comunitario. Los ritos hacen habitable el tiempo, son “técnicas temporales de instalación en un hogar”. Sin los ritos la Vida Consagrada se convierte en un serial: es decir, todo sucede en flujo inconsistente, en precipitación ininterrumpida, en novedad que hace olvidar lo ya visto. Sin embargo los rituales dan estabilidad a la vida, porque son repetitivos. Dan estabilidad a la comunidad porque se realizan en el cuerpo; y es el cuerpo el que mueve y hace obedecer al espíritu y no al revés; y eso es lo externo lo que produce una alteración interna.
Un Capítulo debe emprender la ardua y paciente tarea de iniciar procesos de discernimiento sobre “la nueva ritualidad” que el Espíritu ofrece a la Vida Consagrada en este cambio de época. Sin ella, la comunidad entrará en el caos, y las nuevas vocaciones no encontrarán la puerta. Hoy los sacerdotes, maestros de los “ritos”, son sustituidos por “diseñadores de rituales”. Donde no existe un orden superior los rituales desaparecen. Planteémonos en serio “la nueva ritualidad”. Pasemos del trabajo sin más, al juego fuerte ritual que afecta a toda la vida. Inventaremos nuevos gestos de cortesía, modales pulcros. Evitemos el embrutecimiento de la Vida Consagrada. Cuidemos la ética de las bellas formas.
Hay que observar las principales fuerzas que modelan las sociedades en el mundo y probablemente influirán también en el futuro y porvenir de nuestra Vida. Quizás la espiritualidad esté lejos de nuestras preocupaciones religiosas. Y, por esa razón y despreocupación, quienes buscan espiritualidad no la encuentran en nuestros grupos y comunidades.
¿A dónde y a quienes recurren los buscadores de espiritualidad? Hay gestos de personas y pequeños grupos que pueden incendiar el mundo. ¿Seremos capaces de incendiar con el fuego espiritual de nuestro carisma revivido en clave contemporánea?
La reinterpretación del carisma desde el Espíritu Santo, dador de carismas, y no tanto desde la individualidad –sin más- de nuestro Fundador puede seguir siendo revolucionario, por hoy, en ti, en mí y en todos…, muchos están esperando nuestra “unidad”, “fraternidad”, “proyectos que expresen la espiritualidad carismática”.
Bitácoras
