Al comienzo de este curso, hemos “sufrido” los traslados propios que suelen venir tras el Capítulo provincial. Pero éste no es el tema.
La cuestión es que llega el momento tan temido por todos: hacer maletas y, sobre todo, despedirse de los lugares y de su gente. Después de varios años, echando raíces, trabajando mano a mano con tanta gente, conviviendo con hermanos, creando nuevos proyectos y haciendo realidad muchos sueños, compartiendo buenos -y no tan buenos- momentos con la gente, acompañando situaciones muy diversas… Pues sí, es doloroso; es necesario un proceso de duelo.
Pero reconozco que sí hay un aspecto que me encanta de este momento: tirar a la basura. Cuando empiezas a recoger y a hacer maletas, ¡qué cantidad de cosas salen para tirar! Me encanta eso de poner un cubo de basura grande al lado e ir tirando papeles, carpetas, objetos varios… Recopilar ropa que llevo tiempo sin usar para llevarlo a Cáritas… Seleccionar materiales y aparatos para regalar…
Pero la reflexión quería centrarla en las palabras que me dijo un hermano cuando le llamé que iba para la nueva casa: “Vienes a tu casa, hermano”. Y puede parecer una tontería, pero sabiendo todo lo que has tenido que dejar atrás, todo lo vivido y convivido, escuchar estas palabras es como un colchón para el alma. Y ver a los hermanos de la nueva casa, incluyendo a los más mayores, ayudarte a bajar las maletas y cajas de la furgoneta, a llevarlas a tu nueva habitación, aunque sólo sea el empujar el carro donde está todo colocado… Todo esto provocó que me dijera: así quiero que sea la Navidad.
Sí, así quiero que sea mi Navidad: un poder decirle a Jesús “vienes a tu casa”. Hacerle sentir que es su hogar, que no viene a un lugar desconocido, que quiero que se sienta a gusto, cómodo… Que, a pesar de mis torpezas, de mis debilidades, de mis fragilidades, pueda bajar a mi vida, a mi casa, a nuestra casa, todo lo que ha traído. Sé que esas cajas y maletas pueden pesar, que hay que transportarlas, que hay que cargarlas; pero sé que todo lo que trae es lo necesario para vivir y convivir juntos, y vamos a empujar juntos de ese carro. Quiero que juntos aportemos nuestras ideas, sueños, talentos… para que la vida de esta fraternidad sea ilusionante, atrayente, contagiosa. Quiero sentir el calor de su palabra, escuchar lo que tenga que decirme, no dejarme vencer por el miedo porque juntos hacemos vida, juntos hacemos proyecto, juntos hacemos misión. No viene para hacer bulto, para ser decoración, para tener un inquilino… quiero que venga porque es mi Hermano… y viene a su casa. Jesús, como nos pedía Francisco a los hermanos, se ha hecho itinerante para hacer vida en la tuya, para hacerse vida en la tuya.
Así quiero que sea la Navidad. Así quiero que sea esta Navidad. ¿Te animas?
Y, por cierto… ¡Feliz Navidad! Paz y Bien.
Fray Manuel Jesús Madueño
Bitácoras