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Entre sandalias


17 Julio 2023

El ritmo de nuestro tiempo y sociedad a veces también se nos cuela en nuestra vida franciscana. Queremos ser eficaces y eficientes o quizás simplemente estar cómodos y tranquilos, y por ello preferimos hacer las cosas nosotros solos, que seguro que las hacemos mejor y más rápido. Entramos y salimos por las puertas de nuestros conventos y fraternidades con un plan específico de actuación donde a veces olvidamos, aunque sea por momentos, Quién nos llama a la misión y con quién nos envía.

Colegios, parroquias, santuarios, misas, confesiones, bodas, acompañamientos, grupos, convivencias... Tenemos muchos campos de acción pero poca mano de obra, y parece que se nos exige ser operativos para que nadie nos frene y lleguemos a todos lados.

Y por no hablar cuando a veces también caemos en la torpeza de ser piedra de tropiezo criticando la forma y la manera de hacer misión del hermano. Es más fácil poner en evidencia en lo que está fallando que en lo que está acertando o incluso aquello que está necesitando para llevar a cabo todo lo que tiene que hacer, haciendo que el trabajo sea aún más solitario e individual que al principio. A veces se nos olvida esa indicación de san Francisco de ser madres con los hermanos.

En estas ocasiones me gusta recordar esa frase de nuestras Constituciones Generales en la que se dice que "el hermano es un don a la fraternidad". ¡Qué atrevimiento esa afirmación! ¿O quizás sea una mentira, una de esas frases que quedan muy bonitas en nuestros documentos y proyectos comunitarios?

Aunque nos cueste reconocerlo y, a veces, recordarlo, pero trabajar y vivir con hermanos con quienes compartimos pasión es un gran aliciente y aliento para seguir caminando juntos. Pero quizás es lo que nos esté haciendo falta: pasión.

Jesús caminó junto con los discípulos de Emaús explicándoles las Escrituras, sin saber si quiera que era Él. San Francisco comenzó este proyecto de locos con unos cuantos hermanos, cuando ni siquiera tenía claro lo que el Señor quería de él. Quizás todavía no nos hemos dado cuenta de que el secreto está en ponernos en camino y vivir la experiencia de sentirse acompañado, confiando que el Señor irá guiando nuestros pasos. Quizás en este camino vayamos más lentos, no seamos tan rápidos, tan eficaces, tan... pero llegaremos JUNTOS.

Que estas sencillas y, creo que, atrevidas palabras animen nuestras vidas a seguir caminando siguiendo Sus huellas al estilo de Francisco y Clara de Asís. "Comencemos, hermanos...".

Fray Manuel Jesús Madueño