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Liturgia para Vivir


25 Febrero 2025

En la liturgia siempre se menciona la acción de Dios hacia su pueblo (aspecto descendente) y la respuesta humana hacia Dios (aspecto ascendente); porque todo lo que celebramos en la liturgia es responder, con agradecimiento, a la obra de salvación de Dios con nosotros, el pueblo de su heredad.

Qué es la liturgia sino acciones de alabanza, adoración, glorificación, bendición y gracias todas… por las manifestaciones permanentes de Dios en la historia de la salvación por medio de Jesucristo, nuestro hermano mayor, en favor de nosotros sus hijos predilectos; en su particular entrega por la muerte y resurrección (kerigma) de su Hijo para la salvación de todos.

Indicamos algunos de los regalos que Dios nos ha dado en su Hijo Jesucristo:

  • nos ha donado su amor gratuito, porque así le ha parecido mejor;
  • nos ha santificado, porque estamos llamados a ser santos como él es santo;
  • nos ha salvado del pecado y nos ha llenado de gozo y de ternura, por su misericordia entrañable;
  • nos ha liberado de la muerte, para que lleguemos a la libertad de los hijos de Dios;
  • nos ha hecho partícipes de su vida divina al resucitarnos a una vida buena y nueva, como «hijos de la luz» (cfr. 1Ts 5,5);
  • nos ha enviado a ser buena noticia para los pobres, y acompañar a los débiles y frágiles…  

 A nosotros no nos queda otro camino más hermoso que dar gracias por tantos bienes recibidos, a través de la liturgia de alabanza que la Iglesia celebra.

La celebración nos envía a la misión, como peregrinos de esperanza (cfr. lema del jubileo, papa Francisco), guiados por el Espíritu Santo: anunciamos la buena noticia de la salvación para comunicarla a todos con generosidad y amor apasionado. Todos los que formamos la Iglesia estamos llamados a ser solidarios con todo lo humano y su historia, con sus alegrías y esperanzas, sin dejar de lado sus dolores. Lo expresamos en gestos de servicio, diálogo, colaboración, solidaridad, compromiso… sin olvidar propuestas iluminadoras para discernir los signos de los tiempos.

Todo este itinerario nos lleva a recrear,

al modo de Francisco de Asís,

la fraternidad de los hijos de Dios

como horizonte de sentido que nos guía:

del ser de la nada (el individualismo)

al todo de la fe, expresada en la ternura de Dios y

vivida en la fraternura humana.

Fray Severino Calderón