En un mundo donde se extiende la cultura del individualismo, del ego y de la autorrealización…, hagamos de la FRATERNIDAD una ESCUELA DE AMOR, que se extienda a toda la sociedad globalizada, siendo instrumentos de paz y reconciliación.
Hoy nos toca aportar nuestro proyecto de fraternidad: «… el Señor me dio hermanos» (cf. Test 14). Si me los dio, todo es gracia; es un bien que nos lleva a superar esa corriente de autorreferencialidad y tender hacia una mirada abierta a los demás, compartiendo vida y misión, que nos estimule a encuentros cálidos y cercanos para crecer en «fraternura», en sentimientos profundos comunes, compromisos solidarios con los más frágiles, privilegiando las fronteras interiores y exteriores.
La fraternidad se construye desde las relaciones interpersonales y la comunicación, como medio para discernir −conjuntamente− el gran proyecto del Reino de Dios, para ser: «sal de la tierra», «luz del mundo», «ciudad sobre el monte» (cf. Mt 5,13-16). Lo ofrecemos, desde nuestra vivencia de revitalización, con el deseo de hacer de las bienaventuranzas un programa de vida: hermanándonos con la «hermana madre tierra» (cf. Cántico de las criaturas), la defensa de la dignidad de las personas, la construcción de la paz, la cultura del encuentro, del diálogo… saliendo en comunidad a las periferias geográficas y existenciales, como dice el papa Francisco.
En un mundo de soledades y miedos −miedo a la muerte, al colapso ecológico, miedo al fracaso, miedo causado por las redes sociales, etc.−, la fraternidad debe ser hogar que acoge, espacio donde se viven alegrías y dolores compartidos, proyectos discernidos y decisiones esperanzadas… superando el malestar de la falta de relaciones y de comunicación.
La fraternidad se sostiene cuando hay pasión por Dios, el «todo bien, sumo bien, total bien» (cf. Alabanzas del Dios Altísimo), y los hermanos se sienten fascinados por Jesús y buscan colaborar con Dios en su plan de salvación; sostenidos por la fe, la esperanza y la caridad, para su cumplir su santo y veraz mandamiento (cf. Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián).
Fray Severino Calderón Martínez, ofm
Bitácoras